24/05/2026
Hace poco me di cuenta de una costumbre que tengo: cuando uso la Inteligencia Artificial, siempre le pido las cosas por favor y le doy las gracias al terminar
Alguna vez me han dicho: ‘Jose, te estás pasando , es una máquina, no tiene sentimientos, le da exactamente igual lo que le digas’. Y es verdad. Tienen toda la razón.
Pero es que hace poco entendí por qué me chirriaba tanto no hacerlo.
Me di cuenta de que cada palabra que sale de nuestra boca y cada gesto que hacemos, habla muchísimo más de nosotros mismos que de quien lo recibe.
Cuando yo le doy las gracias a una máquina, no lo hago por ella; lo hago por mí. Estoy decidiendo configurarme, entrenarme, decido ser una persona agradecida.
Y esto, que parece una tontería con la tecnología, nos pasa constantemente con las personas que más queremos. Especialmente con nuestros hijos.
¿Cuántas veces has retenido un elogio o una palabra bonita pensando: ‘bueno, si le tiro flores se va a crecer y se va a relajar, mejor no decirle nada para que no se le suba a la cabeza
Y ahí, queridos amigos, cometemos el error de cambiar nuestra forma de ser por miedo a cómo podría reaccionar la otra persona.
Es como si un delantero no tira a puerta por si acaso mete gol y el portero se deprime. No, hombre no, mete gol y ya el portero lo gestionará y aprenderá de ello e incluso llegará a ser mejor gracias a ello.
Entonces que pasa? Pues que si mi hija hace algo bien y yo se lo reconozco, el hecho de ser empático y agradecido me define a mí. Lo que ella decida hacer con ese cumplido es su historia; de hecho podemos acompañarle en ese camino, pero mi responsabilidad es que de mi boca solo salga todo lo bueno que tiene que salir
Deja de calcular tanto cómo van a reaccionar los demás. Actúa, habla y ama pensando en qué tipo de persona te estás convirtiendo tú con lo que haces
Lo que me forja es todo aquello que sale de mi. Vamos a replanteárnoslo