14/07/2026
Hay partos que dejan .
A veces la herida está en lo que se hizo sin explicar. En las decisiones que se tomaron sin contar contigo. En una urgencia vivida con miedo y sin nadie que pudiera ayudarte a comprender qué estaba pasando. En los gritos, en las maniobras sin aviso, en sentir que tu cuerpo había dejado de pertenecerte durante unas horas.
En tener miedo de morir. O de que muriera tu bebé.
En sentirte sola.
Puedes amar profundamente a tu bebé y, al mismo tiempo, sentir dolor por cómo llegó al mundo.
Una cosa no borra la otra.
Porque cuando durante el el cuerpo percibe amenaza, pérdida de control o indefensión, el sistema nervioso intenta protegernos. A veces activándose, luchando, intentando escapar. Otras, cuando no encuentra salida posible, desconectándose.
Un cuerpo que ha atravesado un parto difícil no solo necesita recuperarse físicamente. A veces necesita volver a sentir seguridad. Recuperar la sensación de que tiene recursos. Volver, poco a poco, a sentirse habitado.
Hay partos que dejan cicatrices. Por las acciones, por las omisiones y por la falta de seguridad.
Y si algo de aquella experiencia sigue presente hoy, merece ser escuchado.
TraumaPerinatal