30/04/2017
Debes ser fuerte ante una sociedad que no te pone facilidades en temas sociales y laborales. Mostrar fortaleza ante una familia que no siempre es tan fácil de llevar como debería, ante unos padres, hermanos o pareja que, en ocasiones, suele priorizarse demasiado a ellos mismos, sin tenerte en cuenta.
Y en efecto, hay días que te cansas de ser fuerte, de llevarlo todo sobre tus espaldas y entonces… Necesitas llorar.
Es importante poner límites y que la vida nos pida solo aquello que podemos ofrecer
Nadie puede dar más de lo que tiene. Es imposible que ofrezcas alegrías y felicidades a los tuyos si ellos no te atienden y te corresponden con el mismo cariño, con el mismo afecto.
La clave está en el equilibrio. Para lograr ser fuerte y poder con toda tarea a lo largo del día y, a su vez, cumplir con esos objetivos que tenemos en mente teniendo en cuenta las dificultades, es importante poner en práctica estas dimensiones.
Ser fuerte implica primero estar bien contigo misma. Cultiva tu crecimiento personal, disfruta de tus momentos personales, de tus aficiones. Ama a cada persona que tienes a tu lado y, sobre todo, ámate a ti misma.
Los más fuertes son los que saben amar y a su vez amarse a ellos mismos. Y no, ello no es una muestra de egoísmo.
Ser fuerte requiere también liberar pesos que dificultan nuestro avance, que hieren nuestro bienestar y que nos ocasiona sufrimiento. Sabemos que en ocasiones duele, pero es necesario dejar de dar prioridad a todos aquellos que no nos tienen en cuenta.
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Ser fuerte implica permitirte “ser débil” de vez en cuando. ¿Qué queremos decir con esto?
Tienes derecho a decir que “no puedes con esto y aquello”, que te supera, que no vas a asumir más responsabilidades de las que ya tienes.
Tienes derecho a decir que “no puedes más”, que necesitas un descanso.
Tienes derecho a pedir respeto, a demandar cariño, afecto y reconocimiento. Quien necesite de ti debe comprender que también tú necesitas de ellos.
Y, por supuesto, tienes todo el derecho a tus instantes de desahogo personal, de buscar un instante de intimidad para pasear y pensar en ti misma, para llorar, para escuchar tus pensamientos y atender tus emociones, para tomar decisiones y avanzar.
Porque la vida es, al fin y al cabo, eso mismo. Caminar nuestros propios senderos vitales con el máximo equilibrio y bienestar interior