Coaching para mamá

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Coaching para mamá Queremos ser acompañantes y colaboradoras del hermoso proceso de crianza de los hijos de forma responsable y amorosa. Somos ante todo madres.

Mujeres con distintas circunstancias de vida que queremos ayudar a otras madres en el duro proceso de educar, formar y criar a los hombres del mañana. Somos una psicologo y una sociologo a su disposición.

Hay una cara que ponen cuando les quitas el móvil. No es rabia. Es algo más parecido a la traición. Porque para ellos es...
31/08/2026

Hay una cara que ponen cuando les quitas el móvil. No es rabia. Es algo más parecido a la traición.

Porque para ellos ese aparato no es solo entretenimiento, es donde están sus amigos, sus conversaciones, su mundo entero condensado en una pantalla. Y cuando se lo quitamos de un tirón, no solo perdemos una batalla de límites. Perdemos, por unos días, la confianza.

Y ahí queda una nos preguntándose: ¿esto que acabo de hacer va a cambiar algo de verdad?

No es fácil soltar el castigo que "más se siente" para intentar algo que parece más difícil, más lento, más incierto. Pero a veces lo que más control da no es lo que más enseña.

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Hay una foto que casi ninguna madre tiene guardada, porque nadie piensa en tomarla: la del momento exacto en que su hijo...
28/08/2026

Hay una foto que casi ninguna madre tiene guardada, porque nadie piensa en tomarla: la del momento exacto en que su hijo dejó de contarle las cosas. No pasó de golpe. Pasó despacio, en todas esas veces que estábamos ahí, presentes de cuerpo, pero con la cabeza en otra pantalla.

Y un día simplemente ya no nos cuentan. No porque dejamos de importarles. Sino porque, en algún momento, dejamos de estar disponibles de verdad, aunque estuviéramos técnicamente en la misma habitación.

Lo curioso es que no hizo falta que nadie nos lo dijera para sentirlo la primera vez que nos pasó a nosotras: esa sensación de hablarle a alguien que asiente sin mirarnos, con el pulgar todavía moviéndose sobre la pantalla. Sabemos exactamente cómo se siente. Y aun así, se lo hacemos a ellos sin darnos cuenta.

No es un artículo sobre prohibir el móvil. Es sobre algo más incómodo: preguntarnos a quién estamos mirando cuando ellos nos buscan con los ojos.

Te lo dejamos en el blog. Se lee en unos minutos. Pero probablemente te acompañe un poco más que eso.

¿Y si te dijera que la frase "esta generación ya no razona igual" no tiene respaldo científico? Suena fuerte, lo sé. Per...
24/08/2026

¿Y si te dijera que la frase "esta generación ya no razona igual" no tiene respaldo científico?
Suena fuerte, lo sé. Pero es lo que dicen los investigadores que llevan 20 años estudiando esto de cerca, no yo.
Mientras el libro de Haidt se vuelve viral diciendo que los móviles "recablearon" el cerebro de nuestros hijos, científicos como Candice Odgers publican en Nature diciendo: "esperen, los datos completos no muestran lo que el libro sugiere".
Y sin embargo, seguimos repitiendo el mismo relato. ¿Por qué?
Porque es más cómodo creer que "algo está roto" que admitir que quizás nosotros no sabemos medir cómo están aprendiendo.
Bandura lo demostró hace décadas: los niños aprenden observando e imitando. Entonces, una generación que creció viendo tutoriales no está "aprendiendo menos". Está aprendiendo de una forma que nuestras herramientas tradicionales de evaluación no saben medir.
La pregunta real no es si deberíamos quitarles las pantallas. Es: si ya están aprendiendo así, ¿por qué seguimos peleando contra el formato en lugar de aprovecharlo para enseñarles lo que importa?

Imagina crecer sabiendo que cualquier cosa que hagas puede terminar en la pantalla de un desconocido en cuestión de segu...
23/08/2026

Imagina crecer sabiendo que cualquier cosa que hagas puede terminar en la pantalla de un desconocido en cuestión de segundos. Que te observen todo el tiempo, sí, pero que también te juzguen todo el tiempo. Sin descanso, sin borrador, sin la posibilidad de simplemente equivocarte y que quede ahí, entre tú y el momento.

Esa es la realidad de nuestros hijos hoy: la generación más observada de la historia, y probablemente también la más juzgada. Cada tendencia que inventan, cada forma que encuentran de sentirse vistos, la analizamos, la etiquetamos, la condenamos... muchas veces sin preguntarnos si alguna vez nosotros cargamos con ese mismo peso a su edad.

Porque sí lo cargamos, solo que distinto. Nosotros también necesitábamos pertenecer, probar quiénes éramos, que alguien nos mirara y nos dijera "te veo". Simplemente no había una cámara esperando cada intento.

Antes de sumarnos al coro que dice "esta generación está perdida", vale la pena detenernos a sentir, aunque sea un segundo, lo que debe pesar vivir así: expuestos todo el tiempo, y evaluados todo el tiempo, por propios y extraños.

Quizás lo que más necesitan de nosotros no es otro juicio. Es una pregunta sincera, y ganas reales de escuchar la respuesta.

"Mamá, gané mil de aura." Y ahí quedé yo, mirándolo como si me hablara en otro idioma. Resulta que ahora existen las "ba...
22/08/2026

"Mamá, gané mil de aura." Y ahí quedé yo, mirándolo como si me hablara en otro idioma.

Resulta que ahora existen las "batallas de aura": los jóvenes se paran en medio de un círculo de desconocidos, en plena plaza, a ver quién tiene más "presencia". Sin coreografía, sin guion, solo actitud. Lo primero que pensé fue: "ay no, otra locura de las redes."

Pero me quedé pensando, y algo no me cuadraba. Porque para pararte frente a un montón de extraños a arriesgarte al ridículo, hace falta un valor que la mayoría de nosotros no tenía a esa edad. Eso no es lo mismo que esconderse detrás de una pantalla, esperando corazoncitos en silencio, sin que nadie te vea la cara.

Y ahí fue cuando me hice la pregunta que de verdad importa: ¿y si esto no es solo vanidad? ¿Y si, sin saberlo, están buscando algo mucho más simple y mucho más humano ; que alguien, de carne y hueso, los mire y los vea?

Te cuento en el blog qué dice la psicología detrás de esta tendencia tan rara (y tan reveladora). Porque a veces, lo que parece una tontería de internet, en realidad nos está diciendo algo importante sobre lo que nuestros hijos están necesitando.

¿Cuántas veces hemos resuelto el rompecabezas antes de que se frustren? ¿Cuántas veces les ahorramos la espera, la decep...
03/08/2026

¿Cuántas veces hemos resuelto el rompecabezas antes de que se frustren? ¿Cuántas veces les ahorramos la espera, la decepción, el pequeño fracaso cotidiano, solo para evitarles ese ratito incómodo?

Lo hacemos con todo el amor del mundo. Pero la resiliencia no nace de la nada en el momento en que la vida les presenta un desafío grande. Se entrena, silenciosamente, en cada torre que se cae, en cada "no puedo" frente a algo difícil, en cada intento que no sale a la primera.

Aquí te dejamos 5 herramientas simples para acompañar a tus hijos en esos momentos cotidianos de frustración, sin resolvérselos todo, pero sin dejarlos solos tampoco.

Porque cada caída bien acompañada, es un ladrillo más en su capacidad de levantarse, una y otra vez, durante toda su vida. 🌱

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Hay una mirada que muchos hemos visto estos días y que se nos queda grabada: la de un niño que no llora, que no pregunta...
30/07/2026

Hay una mirada que muchos hemos visto estos días y que se nos queda grabada: la de un niño que no llora, que no pregunta, que simplemente se queda callado, con los ojos fijos en algo que ya no está. Y esa quietud, que a veces confundimos con que "está bien", en realidad puede estar gritando por dentro todo lo que todavía no tiene palabras para decir.

Los niños no procesan el dolor como los adultos. No siempre lloran cuando algo les duele. A veces es una pesadilla que se repite. Otras, un miedo nuevo a quedarse solos, un silencio que antes no estaba ahí. Y como adultos, muchas veces no sabemos qué hacer con eso, porque nadie nos enseñó cómo acompañar el miedo de un niño que vivió algo que ni nosotros mismos terminamos de entender.

Por eso reunimos aquí 5 herramientas simples, respaldadas por la psicología infantil, para ayudarlos a encontrar calma cuando las palabras todavía no alcanzan. Y algo igual de importante: qué NO hacer, porque a veces, con todo el amor del mundo, sin querer podemos hacerles cargar un peso más grande del que ya tienen.

Si hay un niño cerca de ti que está atravesando esto —ya sea porque lo vivió de cerca, o porque siente el peso de la angustia familiar desde la distancia— quiero que sepas algo: su calma también se puede reconstruir. Y no tiene que hacerlo solo.

Artículo completo en el blog (link en bio) 🔗 No están solos en esto. Y su calma también se puede reconstruir.

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Hubo un día, en medio de todo esto, en que alguien te llamó solo para preguntarte cómo estabas. Y tú, sin quererlo, resp...
27/07/2026

Hubo un día, en medio de todo esto, en que alguien te llamó solo para preguntarte cómo estabas. Y tú, sin quererlo, respondiste cortante. Casi con fastidio. Y después vino la culpa: "¿por qué le hablé así, si solo quería ayudarme?"

Nadie te dijo que el duelo también trae rabia. Que a veces esa rabia no tiene nombre ni dueño, y por eso sale hacia quien está más cerca, aunque no se lo merezca. Que enojarte con la vida, con la injusticia, con la impotencia de no haber podido hacer nada, también es parte de sanar, aunque nadie lo hable en voz alta.

Si últimamente sientes que todo te irrita más de lo normal, que respondes distinto a como quisieras, que hay una tensión que no logras nombrar del todo, este artículo es para ti. Porque esa rabia también merece un espacio, y entenderla de dónde viene puede ser el primer paso para dejar de cargarla en soledad.

Hay un peso que no se ve, pero se siente en el pecho todos los días. Ese peso de estar pendiente de que mamá esté bien, ...
22/07/2026

Hay un peso que no se ve, pero se siente en el pecho todos los días. Ese peso de estar pendiente de que mamá esté bien, de que la pareja no se sienta sola, de que los hijos no carguen con nuestras propias preocupaciones, de que en el trabajo nadie note que también tenemos días difíciles.

Es ese peso de sonreír en una reunión familiar aunque por dentro algo duela. De aguantar en un grupo de amigas porque "no es momento de hablar de mí". De asumir una tarea más en el trabajo porque decir que no se siente casi imposible. De estar, siempre, disponibles para todos, menos para nosotras mismas.

No siempre es culpa lo que sentimos cuando hacemos esto. Muchas veces es impotencia, esa sensación de no poder controlar el dolor ajeno, y entonces cargamos nosotras lo que le corresponde a otro, pensando que así lo aliviamos.

Pero ese peso, sostenido en tantos frentes a la vez —la familia, los amigos, el trabajo— tiene un límite. Y llega un momento en que ya no sabemos distinguir cuál es nuestro dolor y cuál es el que decidimos, sin darnos cuenta, cargar por los demás.

Aliviar a quienes amamos no significa desaparecer en el intento. Se puede acompañar sin cargar. Se puede sostener sin absorber. Y a veces, el gesto más amoroso que podemos tener con los demás, es primero tenerlo con nosotras mismas.

Hay algo que casi nadie te explica hasta que lo vives: cómo se siente tener que seguir tu vida —ir a trabajar, sonreír, ...
20/07/2026

Hay algo que casi nadie te explica hasta que lo vives: cómo se siente tener que seguir tu vida —ir a trabajar, sonreír, responder correos— mientras por dentro sientes que el tiempo se detuvo el día que todo se derrumbó. 🇻🇪💔

Ver a otros celebrar. Ver al mundo seguir su curso, como si nada hubiera pasado, como si tu país no estuviera todavía de luto. Y sentir ese miedo tan concreto, tan silencioso, de pensar: "¿y si ya todos se olvidaron?"

Pero seguir adelante no es indiferencia. Es supervivencia. Es la única forma que tenemos de sostener este dolor sin que nos consuma por completo. Y aunque no siempre lo veamos en los titulares, hay manos que en este momento siguen organizando ayuda. Hay corazones que siguen pensando en cómo volver, en cómo sostener a los suyos.

Venezuela ya nos ha enseñado esto antes. En 1967. En 1999. El camino fue lento, dolorosamente lento, pero la reconstrucción llegó. Y hoy tenemos algo que antes no teníamos: fortaleza, unión, y un espíritu de hierro que ninguna tragedia ha logrado romper.

No estamos olvidando. Estamos resistiendo.

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