Alicia Ortiz Psicología

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Alicia Ortiz Psicología Psicóloga, terapeuta psicocorporal y transpersonal, Master del programa de autodesarrollo Avatar.

¿Verdad que no esperas a que se desborde el agua para cerrar el grifo?, pues no esperes a estar mal para acudir a terapi...
10/10/2026

¿Verdad que no esperas a que se desborde el agua para cerrar el grifo?, pues no esperes a estar mal para acudir a terapia.

Esperar a estar muy mal para ir terapia, es como esperar a que una vela incendie la casa y, solo entonces tomar medidas.

No necesitas esperar a encontrarte al límite para pedir ayuda psicológica.

Compararnos no es, en sí mismo, algo negativo o positivo. De hecho, es una operación cognitiva necesaria que realiza nue...
07/10/2026

Compararnos no es, en sí mismo, algo negativo o positivo. De hecho, es una operación cognitiva necesaria que realiza nuestro cerebro para organizar la información. Es mediante la comparación que el cerebro establece diferencias y semejanzas entre tamaños, distancias, posiciones, colores, etc.
Necesitamos establecer comparaciones para orientarnos en el mundo y lo mismo pasa con la comparación con los demás.

Ya en 1954, el psicólogo social Leon Festinger propuso, en su teoría de la comparación social, que las personas tenemos una necesidad básica de evaluar nuestras opiniones, capacidades, circunstancias y nuestra posición dentro de un grupo y que, a falta de un criterio objetivo para hacerlo, recurrimos a compararnos con los demás —en concreto, con personas parecidas a nosotros mismos—.

Para Festinger, esta comparación cumplía sobre todo una función informativa acerca de “cómo lo estoy haciendo”.

Investigaciones de autores posteriores a Festinger mostraron que la comparación también cumple funciones de regulación emocional. Es decir, que no solo buscamos información sobre nosotros mismos, sino que tratamos de disminuir una sensación de amenaza, recuperar una seguridad perdida, aliviar la vergüenza, encontrar esperanza o confirmar una idea que tenemos sobre nosotros mismos.

La regulación emocional la podemos obtener al realizar una comparación ascendente —con alguien que percibimos “mejor”— o descendente —con alguien que percibimos “peor”—.

Por ejemplo, podemos decir: “yo nunca voy a llegar a ser como él/ella” (ascendente) o “yo estoy mucho mejor que él/ella” (descendente).

Detrás de estas aparentemente sencillas comparaciones puede haber cuestiones emocionales mucho más profundas.

Puedes leer el artículo completo en el enlace de la bio.

A veces, lo que interpretamos como pereza puede tener más que ver con la falta de sentido, de interés o de una motivació...
05/10/2026

A veces, lo que interpretamos como pereza puede tener más que ver con la falta de sentido, de interés o de una motivación que realmente conecte con nosotros.

También puede aparecer cuando una meta responde más a lo que creemos que deberíamos hacer que a lo que verdaderamente queremos o necesitamos.
Pero no toda falta de acción se explica por la motivación. El cansancio, el miedo al fracaso, el perfeccionismo, la frustración o sentirnos desbordados también pueden hacer que posterguemos o evitemos determinadas tareas.

Hay que añadir, también, que los cerebros neurotípicos y los cerebros neurodivergentes difieren en su forma de pasar, o no, a la acción.

Por todo ello, quizá, antes de juzgarnos por “no hacer”, podemos hacernos una pregunta diferente: ¿qué hay detrás de que me cueste tantoPor todo ello, quizá, antes de juzgarnos por “no hacer”, podemos hacernos una pregunta diferente: ¿qué hay detrás de que me cueste tanto ponerme en marcha?

Porque entender qué nos frena suele ser mucho más útil que convertirlo en una etiqueta sobre quiénes somos.

A veces, cuidar de los demás no nace solo del deseo de ayudar, sino también de una necesidad más profunda: sentirse nece...
02/10/2026

A veces, cuidar de los demás no nace solo del deseo de ayudar, sino también de una necesidad más profunda: sentirse necesario para sentirse querido.

Hoy te hablo de otro patrón relacional: el rol de Salvador. ¿Qué puede haber detrás?

El niño o niña que se convierte en Salvador puede haber aprendido tempranamente que “mis propias necesidades no son bien recibidas, pero si ayudo a que los demás satisfagan sus necesidades, entonces soy muy bien valorado/a”. La vivencia familiar que puede estar detrás de esta personita es que sus progenitores están muy ocupados, deprimidos o desbordados y que la única forma de ser visto/a y reconocido por los adultos es ser útil.

Esta persona aprende a creer que volverse altamente funcional para los demás, ser especialmente sensible a las necesidades de los otros y convertirse en alguien indispensable le evitarán ser abandonado y le proveerán la sensación de pertenencia. De alguna forma esta persona acaba aprendiendo que no puede esperar que cuiden de ella, pero sí puede conseguir un lugar para sí misma si ella cuida de los demás.

Esta es una posición “Yo estoy bien - Tú no estás bien”, pues al cuidar y rescatar a los demás, está colocándolos en un lugar de inferioridad. Sin embargo, la persona en el rol de Salvador no quiere ponerse por encima de los demás, sino que está intentando algo más básico que es que no le abandonen: “si soy indispensable, no me abandonarán”. El problema que subyace es que el cuidado que ejercen sobre los demás está reforzando la posición de inferioridad del otro y a la vez evitan percibir su propia vulnerabilidad. Estas personas suelen tener enormes dificultades para identificar sus propias necesidades, pedir ayuda, depender de los demás o simplemente recibir algo sin devolverlo inmediatamente.

La   es una emoción de la familia del enfado, que se diferencia de éste por su intensidad extrema y explosiva, su mayor ...
28/09/2026

La es una emoción de la familia del enfado, que se diferencia de éste por su intensidad extrema y explosiva, su mayor reacción física que conlleva un impulso a atacar, gritar y destruir, y un escaso nivel de control racional pues la razón se ve bloqueada por la intensidad emocional que proviene de la amígdala cerebral.

Si el enfado tiene, de trasfondo, un mensaje de “esto no me gusta”, la rabia emerge cuando el enfado no ha funcionado y el mensaje es del tipo “esto lo destruyo”.

El enfado es una herramienta funcional que sirve para expresar desacuerdo, poner límites cuando alguien o algo los transgrede (puede ser límites a uno/a mismo/a) y comunicar, en la relación, que el conflicto ha de atenderse. La rabia, sin embargo, aparece cuando la persona ha escalado emocionalmente y se ve en peligro extremo (real o imaginario, físico o emocional) y actúa desde el mecanismo evolutivo de supervivencia de lucha-huida.

La rabia nos suele hablar de profundas heridas del pasado donde las necesidades de seguridad física y emocional, validación, autodefinición, e impacto en el otro se han visto sistemáticamente negligidas.

A veces, lo más difícil no es tomar una decisión, sino aceptar lo que esa decisión implica.Hay puentes que merece la pen...
25/09/2026

A veces, lo más difícil no es tomar una decisión, sino aceptar lo que esa decisión implica.
Hay puentes que merece la pena cruzar, aunque al otro lado haya incertidumbre. Y hay otros que necesitamos dejar atrás porque seguir manteniéndolos abiertos nos devuelve, una y otra vez, a lugares que ya no nos hacen bien.

Pero distinguir unos de otros no siempre es sencillo. Podemos permanecer por miedo, por culpa, por costumbre o por la esperanza de que algo cambie. Y también podemos marcharnos demasiado pronto para evitar enfrentarnos a algo que nos incomoda.

Quizá madurar tenga algo que ver con aprender a diferenciar cuándo el miedo nos está impidiendo avanzar y cuándo nos está avisando de que necesitamos poner un límite.

Porque no todo lo difícil debe abandonarse, ni todo lo conocido merece conservarse.

Compararnos no siempre consiste en descubrir quién es mejor o peor.A veces, cuando nos ponemos por encima o por debajo d...
23/09/2026

Compararnos no siempre consiste en descubrir quién es mejor o peor.

A veces, cuando nos ponemos por encima o por debajo de los demás, estamos intentando regular algo que ocurre dentro de nosotros: inseguridad, vergüenza, miedo, necesidad de reconocimiento o de sentirnos suficientemente valiosos.

¿Por qué necesitamos sentirnos “mejores” en algunos momentos? ¿Y por qué en otros somos nosotros mismos quienes nos colocamos por debajo?

En el nuevo artículo del blog hablo sobre la comparación como forma de regulación emocional y sobre cómo podemos construir una autoestima que no dependa tanto de la posición que ocupamos frente a los demás.

aliciaortizpsicologia.com/blog/ponerse-por-encima-o-por-debajo-de-los-demas-por-que-compararnos-puede-ser-una-forma-de-regulacion-emocional

Compararnos con los demás puede ser una forma de regular emociones como la inseguridad, la vergüenza o el miedo a no ser suficientes. Descubre qué hay detrás de la necesidad de situarnos por encima o por debajo de los demás.

No todo lo que nos ocurre puede explicarse con palabras.El cuerpo también guarda, expresa y responde a nuestra historia....
21/09/2026

No todo lo que nos ocurre puede explicarse con palabras.

El cuerpo también guarda, expresa y responde a nuestra historia. Por eso, comprender cómo una persona se relaciona con él puede ofrecernos información esencial sobre su experiencia interna.

En este carrusel reflexiono sobre el cuerpo como parte del Self y sobre algunas de las preguntas que conviene hacerse antes de trabajar desde lo corporal.

ESCRIBIR PUEDE SER UNA FORMA DE DARLE UNA HISTORIA A LO QUE DOLIÓLas experiencias tempranas no siempre están disponibles...
18/09/2026

ESCRIBIR PUEDE SER UNA FORMA DE DARLE UNA HISTORIA A LO QUE DOLIÓ

Las experiencias tempranas no siempre están disponibles como un relato autobiográfico perfectamente organizado. Y en trauma existen procesos de memoria, lenguaje, emoción y regulación que pueden ser complejos. Por eso nos encontramos con experiencias de la infancia que durante años no sabemos explicar. Solo sabemos que algo nos pasa.

Nos cuesta poner límites.
Nos sentimos culpables cuando necesitamos algo.
Nos cuesta confiar.
Nos desconectamos cuando sentimos demasiado.
Nos exigimos constantemente.
O reaccionamos con una intensidad que ni nosotros mismos entendemos.

Otras veces sí sabemos lo que ocurrió pero no sabemos todavía qué y cómo nos ha transformado aquello que ocurrió .

Y aquí la escritura puede tener un papel interesante.

La investigación sobre escritura expresiva ha encontrado que, cuando las personas escriben sobre experiencias traumáticas, sus relatos pueden volverse progresivamente más coherentes y organizados. Esto no significa que escribir borre el trauma, sino que poner palabras puede ayudarnos a construir una representación más organizada de aquello que vivimos y empezar a encontrar una forma de entender aquello que sentimos.

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