Psicología Humanista.

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Psicología Humanista. Psicoterapia Formación y Desarrollo Humano Este es uno de ellos. Te doy la bienvenida y deseo que te apoye en tu búsqueda personal.

Psicología Humanista es un espacio amplio e inclusivo orientado al crecimiento personal y psicoespiritual para la realización del Ser y el colectivo. En mi camino como Psicóloga y Psicoterapeuta confluyen los principios Humanistas, Existenciales y Gestálticos con los saberes milenarios de la Tierra, integrándose creativamente en la propuesta terapéutica y didáctica que ofrezco y en los distintos espacios que hacen parte de la red de nutrición y sostén que nos acompaña en el hermoso camino de vuelta a casa.

CUANDO UNA PARTE DE NOSOTROS PIDE AYUDAA veces, después de una experiencia que nos ha desorganizado profundamente, segui...
01/10/2026

CUANDO UNA PARTE DE NOSOTROS PIDE AYUDA

A veces, después de una experiencia que nos ha desorganizado profundamente, seguimos haciendo lo que hay que hacer. No porque estemos bien, sino porque hay hijos que cuidar, trabajo al que acudir, cuentas que pagar y una vida que no puede detenerse del todo.

Una parte de nosotros se ocupa de responder. Se levanta, organiza, planifica, resuelve. Incluso puede dar la impresión de que ya está recuperándose.

Mientras tanto, otra parte necesita algo muy distinto. Quizá está agotada, asustada o muy triste. Quizá todavía no encuentra palabras para nombrar lo que le ocurre. Pide descanso, compañía, relevo, cuidados. Pide que alguien pueda acercarse sin exigirle que explique enseguida lo que siente ni que sepa ya cómo salir de ahí.

A veces nos cuesta escuchar esa necesidad porque tememos que, si paramos, todo lo demás se venga abajo. Y no siempre es un temor infundado: hay responsabilidades reales y condiciones de vida que apenas nos dejan espacio para descansar.

Por eso, en ciertos momentos, cuidarnos no empieza con grandes cambios o decisiones. Puede comenzar por algo tan básico como poder dormir, comer un plato de comida, sentir el aire al respirar. Por atrevernos a decirle a alguien de confianza: "Estoy pudiendo con lo de fuera, pero por dentro necesito ayuda". Y, si es posible, encontrar a quien pueda hacerse cargo durante un rato de alguna de las cosas que nosotros no podemos dejar de atender.

Cuando acompañamos terapéuticamente a una persona, prestar atención a esa parte que pide ayuda no significa apartarla de su vida ni apresurarla a sentirse mejor. Más bien se trata de darle un lugar a lo que está viviendo y explorar con ella qué apoyos necesita y cuáles están realmente a su alcance.

La resiliencia no nace de exigirnos un esfuerzo más cuando ya estamos al límite. Puede comenzar ahí: en reconocer que necesitamos cuidados y valorar cómo podemos recibirlos, poco a poco, dentro de nuestras circunstancias. 🤍

LAS HERIDAS QUE NO SE VEN Cuando una catástrofe arrasa una casa, podemos ver lo que ha sucedido. Los muros caídos, las c...
29/09/2026

LAS HERIDAS QUE NO SE VEN

Cuando una catástrofe arrasa una casa, podemos ver lo que ha sucedido. Los muros caídos, las cosas dispersas, los daños materiales que quedan a la vista, el espacio que ya no nos cobija.

Podemos comprender que quienes vivían allí necesiten refugio. Que alguien les acerque comida, les ayude a recuperar lo indispensable o se ocupe de algunas tareas mientras se evalúa si es posible comenzar la reconstrucción. Nadie esperaría que lo hicieran todo a solas, ni que al día siguiente habitaran esa casa como si siguiera intacta.

Pero también hay acontecimientos que pueden vivirse como una catástrofe en nuestro mundo interior. Desde fuera quizá no haya muros caídos; por dentro, algo de aquello que nos daba cobijo y sentido ha quedado profundamente alterado.

Una gran pérdida, una separación significativa e inesperada, una enfermedad que irrumpe cambiándolo todo, el final de un proyecto o de una vida que imaginábamos de otra manera. A veces, lo sucedido llega sin darnos tiempo a prepararnos y altera profundamente aquello sobre lo que se apoyaban nuestra existencia y nuestro sentido vital.

Quizá nada parece haberse derrumbado. Nos levantamos, vamos a trabajar, cuidamos de nuestros hijos, pagamos las cuentas. La vida sigue pidiéndonos presencia y energía, mientras por dentro intentamos comprender qué ha pasado y cómo vamos a continuar.

Y las condiciones en las que atravesamos ese momento importan mucho.

No es lo mismo poder llorar junto a alguien, encontrar un lugar donde descansar o contar con personas que se ocupen por un tiempo de lo que no podemos atender, que vivirlo en soledad, con pocos recursos y responsabilidades de las que no podemos desligarnos. No es lo mismo tener dónde refugiarse que tener que salir cada mañana a la intemperie, mientras una parte de nosotros necesita cuidados intensivos.

El impacto de lo que nos sucede no depende únicamente de nuestra capacidad para sobreponernos a acontecimientos dolorosos, a veces vividos como verdaderas tragedias humanas. También es fundamental el amparo que encontramos -o que nos falta- cuando algo nos desorganiza profundamente.

Porque hay escombros que nadie ve. A veces, ni siquiera nosotros mismos alcanzamos a verlos: puede llevarnos tiempo darnos cuenta de cómo estamos de verdad y de lo que ha ocurrido en nuestro mundo interior.

Cuando ese dolor y sus consecuencias no encuentran reconocimiento -en nosotros o en quienes nos rodean-, al dolor por lo sucedido se añade otro sufrimiento: el de atravesarlo sin que otros comprendan cuánto necesitamos ayuda. Reconocerlo no hace desaparecer el dolor, pero puede aliviar esa soledad y abrir un espacio para recibir cuidados.

Cuando acompañamos terapéuticamente a alguien en una situación así, no basta con preguntarnos qué le ha sucedido. Necesitamos acercarnos también a las condiciones en las que está viviendo lo sucedido: con quién puede contar, qué responsabilidades no puede dejar por un momento, dónde encuentra refugio y qué cuidados le están faltando.

Porque el dolor no ocurre separado de las condiciones en las que tenemos que vivirlo. 🤍

SOBREVIVIR NO ES LO MISMO QUE VIVIRHay formas de organizarnos que, en determinados momentos de nuestra vida, fueron nece...
24/09/2026

SOBREVIVIR NO ES LO MISMO QUE VIVIR

Hay formas de organizarnos que, en determinados momentos de nuestra vida, fueron necesarias para sobrevivir.

Nos protegieron. Nos permitieron continuar y sostenernos en medio de aquello que, por su intensidad, no podíamos elaborar de otra manera.

Sin embargo, que la vida continúe no significa necesariamente que la experiencia traumática haya terminado dentro de nosotros.

A veces, una parte de la persona sigue adelante: trabaja, se relaciona, crea, incluso puede vivir momentos de alegría. Mientras otra parte permanece profundamente ligada a aquello que sucedió.

El acontecimiento ha terminado en la realidad, pero no ha podido terminar completamente en la experiencia. Por eso, sobrevivir no es lo mismo que vivir.

Con el paso del tiempo, aquellas formas de organizarnos que alguna vez fueron necesarias pueden convertirse en el principal límite para habitar la vida de una manera diferente.

La resiliencia no consiste en negar aquello que nos permitió sobrevivir ni en arrancarlo de nosotros. Tampoco consiste solamente en resistir o adaptarnos.

Implica una reorganización profunda de nuestra experiencia: corporal, emocional, relacional y también narrativa.

Una transformación que no realizamos en soledad, sino en relación con otros, cuando encontramos vínculos y condiciones suficientemente seguras para que aquello que quedó inconcluso pueda volver a ponerse en movimiento y hallar una buena resolución ahora en el presente.

Entonces pueden comenzar a aparecer nuevas formas de estar en el mundo, nuevas respuestas a las situaciones y circunstancias del presente, diferentes a aquellas vinculadas al acontecimiento traumático del pasado.

Por eso esta distinción es tan importante, la resiliencia no es solamente haber sobrevivido. Es poder, poco a poco, volver a la vida.

Deseo que esta semilla sea una buena compañia en tu camino🤍

Leticia

TRABAJAR CON EL SELF DEL TERAPEUTAEn el encuentro terapéutico no está presente únicamente la historia del consultante. T...
22/09/2026

TRABAJAR CON EL SELF DEL TERAPEUTA

En el encuentro terapéutico no está presente únicamente la historia del consultante. También está el terapeuta: su sensibilidad, su cuerpo, sus resonancias, sus temores, su personalidad, sus puntos ciegos y su particular manera de entrar en contacto.

Aquello que nos sucede mientras acompañamos a otra persona no es un obstáculo que debamos apartar rápidamente. Tampoco es necesariamente una verdad acerca del otro. Es una experiencia que necesita ser escuchada, interrogada y comprendida.

En supervisión trabajamos con esas resonancias para poder distinguir qué pertenece a la historia personal del terapeuta, qué está emergiendo en el campo relacional y qué puede ofrecernos una orientación acerca del proceso terapéutico y de la persona que acompañamos.

A veces aparece impotencia. Otras veces, prisa por ayudar, necesidad de proteger, irritación, temor, confusión o una dificultad para permanecer presentes ante determinados dolores. Nada de esto nos inhabilita en nuestro rol. Lo importante es qué hacemos con ello.

Trabajar con el self del terapeuta no significa llevar la supervisión hacia una terapia personal. Significa desarrollar la capacidad de reconocernos implicados en el encuentro y transformar esa implicación en mayor conciencia, presencia y responsabilidad clínica, hacia el aprendizaje.

Comprendo la supervisión como un espacio en el que la compasión y el criterio terapeutico no se excluyen. Un espacio donde podemos mirar con humanidad aquello que nos sucede y, al mismo tiempo, asumir la responsabilidad de seguir afinando nuestra manera de acompañar en el ejercicio de nuestra labor.

Porque el self del terapeuta es una de sus principales herramientas de trabajo. Y también necesita ser cuidado, conocido y continuamente elaborado.

Esta es una de las dimensiones que trabajamos en los grupos de supervisión clínica: aprender a escuchar aquello que se despierta en nosotros durante el encuentro terapéutico y discernir qué decisiones pueden estar verdaderamente al servicio del proceso.

El grupo de supervisión ofrece, además, una riqueza singular. La presencia de los otros amplía el campo de aprendizaje: cada caso, cada pregunta y cada devolución nos permiten observar diferentes maneras de comprender una misma situación clínica y las distintas posibilidades de intervención. Nos recuerda, también, que no necesitamos ejercer este oficio en soledad.

🔸 En este momento quedan las últimas plazas en el grupo quincenal de los miércoles, de 12:30 a 14:30. Los otros dos grupos están completos.

En la web puedes consultar el funcionamiento y las condiciones:
🔗https://leticiacayota.com/blog/grupo-de-supervision-online-para-terapeutas

Para más información, reservas e inscripciones, puedes ponerte en contacto con nuestra secretaría:
✉️ [email protected]

Si es de tu interés, será un gusto recibirte.

Leticia Cayota
Psicóloga humanista. Psicoterapeuta gestáltica.
Docente y supervisora.

RESILIENCIA: LA FUERZA DE TRANSFORMARA lo largo de los años he tenido el privilegio de acompañar a muchas personas en su...
17/09/2026

RESILIENCIA: LA FUERZA DE TRANSFORMAR

A lo largo de los años he tenido el privilegio de acompañar a muchas personas en sus procesos terapéuticos, desde mi rol como terapeuta y docente.

Personas que han llegado a consulta y a los grupos, atravesando circunstancias muy difíciles, a veces devastadoras, buscando una manera de dar curso a su dolor para no quedar detenidas en un sufrimiento eterno.

Las he visto intentar ponerse de pie después de grandes caídas. Buscar una salida cuando parecía no haberla. Crear nuevas posibilidades allí donde la vida parecía haberse cerrado.

Y no es fácil. A veces no se puede. A veces todavía no es el momento. Hay experiencias que necesitan tiempo, sostén y una presencia capaz de acompañar sin empujar ni exigir que el dolor se transforme antes de que la persona pueda hacerlo.

Pero cuando ese movimiento comienza a ser posible, cuando alguien encuentra dentro de sí la fuerza para volver a mirar hacia la vida, algo profundamente humano se revela.

Esa fuerza es para mi la resiliencia.

La resiliencia no consiste solamente en resistir. Consiste en transformar. En ir a buscar nuestra materia prima, aquello que permanece intacto dentro de nosotros, bien en lo profundo, y poder hacer con ello algo nuevo, algo propio y también algo bello.

Es poder discriminar quiénes somos, de las circunstancias que hemos vivido. Reconocer que nuestra historia, forma parte de nosotros, pero que no contiene ni determina todo lo que somos.

La resiliencia puede ser pedir ayuda y dejarnos acompañar. Puede ser ir a buscar dentro de nosotros los recursos que necesitamos y descubrir que también podemos hacer algo por nosotros mismos.

Sin caer en la exigencia de fortaleza, ni como la obligación de superar rápidamente lo vivido, sino como un movimiento profundo de transformación. El movimiento de quien, aun herido, continúa buscando una manera de volver a la vida. Y esto me conmueve profundamente.

Y en ese movimiento reconozco un compromiso inquebrantable con nuestro Ser. Y también una fuerza de Amor que, incluso en las condiciones más adversas, continúa abriéndose camino.

Siento una profunda admiración por las personas que acompaño y por todas aquellas que he acompañado.

Admiro su valentía, su creatividad y su capacidad de encontrar recursos donde antes parecía no haberlos. Admiro el esfuerzo que realizan para sostener sus procesos y también el esfuerzo que muchas veces implica hacer una terapia. Porque sostener ese espacio es una manera concreta de expresar el compromiso con ellas mismas y con la vida que desean construir.

Y también me incluyo en este camino. Porque acompañar estos procesos no me deja fuera de ellos.

Cada encuentro puede transformarnos, interrogarnos y conducirnos hacia nuestras propias potencialidades; hacia el reconocimiento de nuestra propia vida, de nuestra propia historia y de aquello que, íntimamente, compartimos como seres humanos.

Cada persona me recuerda que todos, en distintos momentos de nuestra vida, necesitamos encontrar esa materia profunda desde la cual volver a comenzar.

Acompañarlas ha sido, y continúa siendo, una profunda fuente de aprendizaje humano. Por eso hoy quiero darles las gracias.

Gracias por la confianza. Gracias por permitirme acercarme a sus mundos y acompañarlas en momentos de tanta vulnerabilidad. Gracias por mostrarme las innumerables formas en que la vida busca abrirse paso dentro de nosotros.

La resiliencia no es solamente soportar aquello que nos sucede.
Es volver a tomar la materia prima de la que estamos hechos y, con ella, comenzar a crear algo nuevo.

Somos, siempre en relación. 💛

EL AMOR COMO ESTADO DE CONCIENCIAA lo largo de la historia, los seres humanos hemos reflexionado acerca del amor. Nos he...
14/09/2026

EL AMOR COMO ESTADO DE CONCIENCIA

A lo largo de la historia, los seres humanos hemos reflexionado acerca del amor. Nos hemos interrogado sobre su naturaleza, preguntándonos qué es el amor, y hemos elaborado distintas respuestas desde diferentes puntos de partida, poniendo el énfasis en diferentes ángulos y dimensiones.

Hoy quiero reflexionar sobre el Amor como un estado del Ser y, por tanto, como un estado de conciencia.

Creo que esta frase abre en nosotros una puerta muy importante.

Ubicarnos desde esta concepción interior, el Amor como un estado del Ser, nos permite atravesar las situaciones difíciles de nuestra vida desde otra perspectiva. Desde aquellas situaciones que forman parte de lo cotidiano hasta las tragedias humanas o los agravios que hemos recibido o cometido y que han dejado en nosotros una herida.

He ido reconociendo, en mi propia historia y experiencia, así como en el acompañamiento en consulta a tantas y tantas personas buscando una forma de volver a la vida, que muchas veces lo que nos genera un sufrimiento aún mayor que aquello que vivimos, es la manera en que intentamos sobreponernos a ello.

Cómo respondemos al dolor, cómo permanecemos vinculados a lo sucedido y desde qué lugar interno tratamos de cerrar aquello que nos dañó.

Además del dolor provocado por lo vivido, aparece entonces un sufrimiento añadido. Podemos quedar atrapados en la herida y organizar desde ella nuestra percepción, nuestras decisiones, nuestros vínculos y nuestra manera de estar en el mundo.

Cuando el Amor logra abrirse paso como un estado del Ser, aparecen nuevas posibilidades. Podemos plantear nuestro disgusto, expresar nuestros límites, reformular los acuerdos, retirarnos o cerrar procesos y relaciones.

Porque el Amor no significa permanecer, consentir ni negar lo que nos ha herido. No significa minimizar el daño ni aceptar aquello que vulnera nuestra dignidad. En muchos momentos de la vida, amar también implica reconocer que algo ha terminado y encontrar la manera de separarnos.

La diferencia está en que estos movimientos no nacen únicamente de la herida o del deseo de devolver el daño, sino de una conciencia más amplia que busca preservar la vida y devolvernos nuestra libertad.

Por ello, hoy me detengo en esta dimensión del Amor. El Amor como estado del Ser es también un estado de conciencia: una disposición interna capaz de generar entendimiento, comprensión y una forma más profunda de unión y arraigo, incluso cuando el proceso que atravesamos conduce a una separación.

Desde una mirada gestáltica, podríamos decir que, desde esta concepción, el Amor constituye el fondo sobre el cual las distintas figuras de la experiencia pueden aparecer, desplegarse y completarse. Un fondo que recibe también el dolor, el malestar, el desagrado, la rabia, el desacuerdo, la decepción y la despedida.

El Amor como estado de conciencia no implica excluir ninguna parte de nuestra experiencia, sino que en su condición innata, como estado del Ser, nos permite incluirla toda, sostenerla e integrarla.

Porque es muy diferente atravesar una situación cuando el fondo es el Amor, que hacerlo cuando el fondo está ocupado por la herida y la separación.

Cuando vivimos únicamente desde la herida, incluso los procesos que conducen a un mismo desenlace pueden volverse mucho más difíciles y generar nuevos daños. Podemos cerrar una relación y, sin embargo, continuar ligados a ella a través del resentimiento, la culpa o el sufrimiento.

El vínculo puede haber terminado y la experiencia permanecer inconclusa dentro de nosotros.

Y ese proceso no siempre nos libera.

Pienso que una de nuestras mayores transformaciones consiste en permitir que el Amor, no como un sentimiento idealizado, ni como un mandato obligado, sino como un estado de conciencia, pueda recibir también aquello que duele.

No para justificarlo, ni para permanecer, sino para atravesarlo sin perder nuestro vínculo con la vida, con nuestra dignidad y con nosotros mismos.

Hallo que cuando este movimiento nace del Amor, se convierte en un movimiento liberador, en un movimiento hacia más Amor.

Quizá se trate de permitir que el Amor, este estado de conciencia, este estado del Ser, vaya encontrando un lugar incluso allí donde algo nos ha herido o hemos herido. Sin la intención de negar lo sucedido, ni para evitar el dolor, sino para que la herida no se convierta en el fondo permanente de nuestra existencia.

Y así, poder atravesar lo vivido, completar la experiencia y volver, poco a poco, a la vida.

Ojalá, esta semilla sea una buena compañía en tu camino 💛

Leticia

ACOMPAÑAR Y SER ACOMPAÑAD@SQuienes acompañamos procesos terapéuticos necesitamos también espacios en los que nuestra pro...
10/09/2026

ACOMPAÑAR Y SER ACOMPAÑAD@S

Quienes acompañamos procesos terapéuticos necesitamos también espacios en los que nuestra propia humanidad pueda ser acogida: mirar lo que nos sucede y dejarnos acompañar.

La supervisión no es únicamente un espacio para pensar un caso o definir una intervención. Es también un lugar de sostén para el terapeuta: un espacio donde elaborar lo vivido, ampliar la mirada y recuperar orientación cuando el proceso clínico nos interpela, nos conmueve o nos desorganiza.

Porque acompañar a otro no significa hacerlo en soledad.

Hoy recupero este vídeo, cuyo contenido continúa profundamente vigente, en el marco de la apertura de inscripciones para el nuevo ciclo 2026/2027 de nuestros Grupos de Supervisión Clínica Online.

📅 Comenzamos en octubre.
💬 Información y disponibilidad de plazas:[email protected]

Acompañar y ser acompañados: la supervisión como espacio de concien...

SUPERVISAR EL CASO. ACOMPAÑAR AL TERAPEUTA.En nuestro modelo de supervisión clínica trabajamos sobre dos dimensiones que...
07/09/2026

SUPERVISAR EL CASO. ACOMPAÑAR AL TERAPEUTA.

En nuestro modelo de supervisión clínica trabajamos sobre dos dimensiones que entendemos como inseparables.

Una de ellas está orientada a la comprensión e instrumentalización del caso: recoger y organizar la información que emerge en el proceso terapéutico, aprender a valorarla clínicamente y, desde esa comprensión, construir una estrategia que dé fundamento y orientación a nuestras intervenciones.

La otra dirige la mirada hacia el self del terapeuta.
Porque quien acompaña no observa el proceso desde fuera. Está implicado en él. Su manera de percibir, sentir, resonar, comprender y vincularse forma parte de la relación terapéutica y constituye, también, una valiosa fuente de información clínica.

Por eso, supervisar supone también aprender a reconocernos dentro del proceso que acompañamos: revisar qué nos sucede frente a esa persona, cómo participamos en el campo relacional y qué aspectos de nosotros mismos pueden convertirse en recurso -o en dificultad- para el encuentro terapéutico.

Comprensión clínica y conciencia de sí son dos dimensiones inseparables de una misma práctica.

Porque no solo somos aquello que sabemos y hacemos. También somos quienes somos cuando estamos frente al otro.

Este es uno de los ejes centrales de nuestro modelo de supervisión.

🔸Grupos de Supervisión Clínica Online. Nuevo ciclo 2026/2027.
Inicio en octubre. Inscripciones abiertas!

💬 Información y disponibilidad de plazas: [email protected]

✨ Más información: https://leticiacayota.com/blog/grupo-de-supervision-online-para-terapeutas

Si es de tu interés, te esperamos.

Rupi Kaur cuenta que su madre le hablaba de las flores:«Esta es la fórmula de la vida —dijo mi madre mientras me abrazab...
02/09/2026

Rupi Kaur cuenta que su madre le hablaba de las flores:
«Esta es la fórmula de la vida —dijo mi madre mientras me abrazaba cuando yo lloraba—. Piensa en esas flores que plantas cada año en el jardín. Te enseñarán que las personas también deben marchitarse, caer, arraigar y levantarse para florecer…»*

Los seres humanos también atravesamos movimientos semejantes.

Hay momentos en los que sentimos que algo dentro de nosotr@s se marchita: una forma de vivir, una relación, una certeza o una imagen de quienes creíamos ser, incluso la identidad de quienes fuimos. A veces necesitamos dejar caer aquello que ya no puede sostenerse. Descender hacia nuestras raíces. Permanecer durante un tiempo en ese lugar silencioso en el que, aparentemente, nada está sucediendo.

Pero, bajo la tierra, la vida continúa su trabajo.

También en nosotr@s existen procesos que necesitan tiempo, cuidado y acompañamiento antes de volver a desplegarse. No todo crecimiento es visible. No toda transformación comienza avanzando. Muchas veces comienza haciendo una pausa, escuchando lo que sentimos y dándonos el tiempo necesario para que nuestro mundo interno se organice de una manera nueva.

Desde la psicología humanista y gestáltica, acompañar un proceso terapéutico no significa apresurar la llegada de una nueva floración. Significa ofrecer un espacio de presencia, respeto y conciencia en el que cada persona pueda profundizar en el contacto, reconocer sus necesidades, recuperar sus recursos y encontrar su propia forma de volver a levantarse.

✨Que estas palabras puedan acompañarte como una pequeña semilla en tu camino:

«Caer. Echar raíces. Levantarte. Para volver a florecer»💛

*Rupi Kaur, El sol y sus flores.

GRUPOS DE SUPERVISIÓN CLÍNICA · NUEVO CICLO 2026/2027Hoy, 1 de septiembre, abrimos las inscripciones para nuevas incorpo...
01/09/2026

GRUPOS DE SUPERVISIÓN CLÍNICA · NUEVO CICLO 2026/2027

Hoy, 1 de septiembre, abrimos las inscripciones para nuevas incorporaciones a nuestros Grupos de Supervisión Clínica Online, que retomaremos en octubre.

Nuestra secretaría ya está disponible para responder consultas y orientarles sobre la disponibilidad de plazas según el grupo, el día y el horario de interés.

La supervisión es un mapa que ayuda al terapeuta a orientarse en el territorio de la clínica.

Desde la Psicología Humanista y Gestáltica, trabajamos con una mirada relacional y de proceso.

Como gestaltistas, somos procesistas: entendemos que todo proceso terapéutico atraviesa diferentes momentos y que cada uno de ellos requiere una mirada clínica específica.

Integramos también una perspectiva desde la complejidad, que nos permite reconocer y comprender qué está sucediendo en el proceso para, desde allí, orientar la estrategia clínica y la intervención.

Nuestro modelo de supervisión ofrece un acompañamiento humano, clínico, teórico y metodológico. Un espacio que permite al terapeuta organizar su práctica, profundizar en la comprensión de cada caso y reconocer el potencial de la relación terapéutica.

Al mismo tiempo, acompaña el self del terapeuta: su manera singular de estar, percibir y participar en esa relación.

La supervisión nos invita a mirar, comprender y pensar clínicamente para acompañar con profundidad, sensibilidad y fundamento.

Una manera de comprender la clínica que es, también, una manera de comprender y acompañar lo humano.

Si es de su interés, ¡será un gusto recibirles!

📅 Inicio de los grupos: octubre de 2026
📝 Inscripciones abiertas desde hoy, 1 de septiembre
💬 Consultas y disponibilidad de plazas:
[email protected]

✨ Más información sobre los grupos:
👉 https://leticiacayota.com/blog/grupo-de-supervision-online-para-terapeutas

Dirección

Francisco De Rojas 7, 1 Dcha
Madrid
28015

Horario de apertura

Lunes 09:00 - 17:00
Martes 09:00 - 17:00
Miércoles 09:00 - 17:00
Jueves 09:00 - 17:00
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