14/09/2026
EL AMOR COMO ESTADO DE CONCIENCIA
A lo largo de la historia, los seres humanos hemos reflexionado acerca del amor. Nos hemos interrogado sobre su naturaleza, preguntándonos qué es el amor, y hemos elaborado distintas respuestas desde diferentes puntos de partida, poniendo el énfasis en diferentes ángulos y dimensiones.
Hoy quiero reflexionar sobre el Amor como un estado del Ser y, por tanto, como un estado de conciencia.
Creo que esta frase abre en nosotros una puerta muy importante.
Ubicarnos desde esta concepción interior, el Amor como un estado del Ser, nos permite atravesar las situaciones difíciles de nuestra vida desde otra perspectiva. Desde aquellas situaciones que forman parte de lo cotidiano hasta las tragedias humanas o los agravios que hemos recibido o cometido y que han dejado en nosotros una herida.
He ido reconociendo, en mi propia historia y experiencia, así como en el acompañamiento en consulta a tantas y tantas personas buscando una forma de volver a la vida, que muchas veces lo que nos genera un sufrimiento aún mayor que aquello que vivimos, es la manera en que intentamos sobreponernos a ello.
Cómo respondemos al dolor, cómo permanecemos vinculados a lo sucedido y desde qué lugar interno tratamos de cerrar aquello que nos dañó.
Además del dolor provocado por lo vivido, aparece entonces un sufrimiento añadido. Podemos quedar atrapados en la herida y organizar desde ella nuestra percepción, nuestras decisiones, nuestros vínculos y nuestra manera de estar en el mundo.
Cuando el Amor logra abrirse paso como un estado del Ser, aparecen nuevas posibilidades. Podemos plantear nuestro disgusto, expresar nuestros límites, reformular los acuerdos, retirarnos o cerrar procesos y relaciones.
Porque el Amor no significa permanecer, consentir ni negar lo que nos ha herido. No significa minimizar el daño ni aceptar aquello que vulnera nuestra dignidad. En muchos momentos de la vida, amar también implica reconocer que algo ha terminado y encontrar la manera de separarnos.
La diferencia está en que estos movimientos no nacen únicamente de la herida o del deseo de devolver el daño, sino de una conciencia más amplia que busca preservar la vida y devolvernos nuestra libertad.
Por ello, hoy me detengo en esta dimensión del Amor. El Amor como estado del Ser es también un estado de conciencia: una disposición interna capaz de generar entendimiento, comprensión y una forma más profunda de unión y arraigo, incluso cuando el proceso que atravesamos conduce a una separación.
Desde una mirada gestáltica, podríamos decir que, desde esta concepción, el Amor constituye el fondo sobre el cual las distintas figuras de la experiencia pueden aparecer, desplegarse y completarse. Un fondo que recibe también el dolor, el malestar, el desagrado, la rabia, el desacuerdo, la decepción y la despedida.
El Amor como estado de conciencia no implica excluir ninguna parte de nuestra experiencia, sino que en su condición innata, como estado del Ser, nos permite incluirla toda, sostenerla e integrarla.
Porque es muy diferente atravesar una situación cuando el fondo es el Amor, que hacerlo cuando el fondo está ocupado por la herida y la separación.
Cuando vivimos únicamente desde la herida, incluso los procesos que conducen a un mismo desenlace pueden volverse mucho más difíciles y generar nuevos daños. Podemos cerrar una relación y, sin embargo, continuar ligados a ella a través del resentimiento, la culpa o el sufrimiento.
El vínculo puede haber terminado y la experiencia permanecer inconclusa dentro de nosotros.
Y ese proceso no siempre nos libera.
Pienso que una de nuestras mayores transformaciones consiste en permitir que el Amor, no como un sentimiento idealizado, ni como un mandato obligado, sino como un estado de conciencia, pueda recibir también aquello que duele.
No para justificarlo, ni para permanecer, sino para atravesarlo sin perder nuestro vínculo con la vida, con nuestra dignidad y con nosotros mismos.
Hallo que cuando este movimiento nace del Amor, se convierte en un movimiento liberador, en un movimiento hacia más Amor.
Quizá se trate de permitir que el Amor, este estado de conciencia, este estado del Ser, vaya encontrando un lugar incluso allí donde algo nos ha herido o hemos herido. Sin la intención de negar lo sucedido, ni para evitar el dolor, sino para que la herida no se convierta en el fondo permanente de nuestra existencia.
Y así, poder atravesar lo vivido, completar la experiencia y volver, poco a poco, a la vida.
Ojalá, esta semilla sea una buena compañía en tu camino 💛
Leticia