08/08/2026
Parece que solo han sido unos minutos sobre una tarima, pero en realidad este momento empezó hace 33 años.
Porque los sueños no se cumplen el día que los consigues. Se cumplen cada uno de los días en los que decides no abandonar.
Llevo haciendo deporte desde los 3 años y entrenando con pesas desde los 16. Siempre he intentado cuidar mi alimentación, aprender, mejorar y hacer de este estilo de vida una parte de mí. Esta competición no nació hace un año. Nació hace toda una vida.
Hace un año decidí dar el paso y convertir en realidad esa espinita que llevaba mucho tiempo dentro: competir en culturismo natural. No para demostrar nada a nadie, sino para demostrarme a mí mismo que era capaz de llevar hasta el final un reto de esta magnitud.
Y ese compromiso fue absoluto.
Más de un año sin fallar un solo gramo de comida. Ni un entrenamiento. Ni una sesión de cardio. Sin excepciones. Daba igual que lloviera, hiciera frío, estuviera cansado, enfermo o que simplemente no apeteciera. El plan era el plan.
Pero lo realmente difícil nunca fue entrenar.
Lo difícil fue hacerlo mientras seguía siendo padre, llevando adelante mi negocio, atendiendo a mi familia, trabajando con mis pacientes y alumnos, cumpliendo con mis responsabilidades y gestionando todos esos imprevistos que forman parte de la vida de cualquiera.
Porque no me dedico a competir. Mi vida no se detuvo para preparar esta competición. La preparación tuvo que adaptarse a mi vida.
Ha habido meses con cantidades interminables de pasos y cardio, semanas sin un solo día de descanso, entrenamientos manteniendo la intensidad cuando el cuerpo apenas respondía, hambre constante, pocas horas de sueño, estrés, eventos sociales donde elegías una vez más seguir el plan mientras todos disfrutaban de la comida… cumpleaños, comuniones, viajes, comidas con amigos… Una y otra vez.
Y, curiosamente, el mayor rival nunca fue el hambre ni el cansancio.
Fue la voz que te intenta convencer que por un día no pasaba nada (continúa en comentarios 👉🏽)