12/08/2026
Amar también es saber decir “hasta aquí”. Es acompañar, sostener y abrazar el dolor y la vulnerabilidad, pero también poner límites que permitan afrontar la realidad y abrir la puerta al cambio.
Para las familias de una persona con una adicción, ejercer este tipo de amor no es fácil. Aparecen el miedo, la culpa y la angustia: miedo a que no quiera cambiar, culpa por cerrar puertas o establecer nuevas pautas de convivencia, y temor a que la enfermedad empeore.
Pero poner límites no es abandonar ni dejar de amar. Es dejar de proteger la adicción y permitir que la persona pueda asumir las consecuencias de sus decisiones. No podemos obligar a alguien a recuperarse, pero sí podemos dejar de ayudarle a mantenerse enfermo. A veces, amar también significa dejar de rescatar.