04/08/2026
Aprecio a Leonel Messi. No por simpatía personal, sino porque su gran talento mental y fisiológico se ha manifestado en el 93% de los partidos que ha jugado en su vida. No podemos vilipendiar ni empequeñecer su figura, gigante en el fútbol mundial, porque en su último gran partido no ha podido manifestarlo. Antes de la final del mundial 2026 era el Artista que confirmaría su arte en el ruedo rectangular de New York, venciendo a una cooperativa de artesanos con camiseta roja.
Una vez comenzado el partido, los muchachos cooperativistas se fueron transformando en un monstruo de 11 cabezas y un solo cuerpo, con la energía mental y emocional repartida en las once prominencias cefálicas y sus 11 bombas de riego sanguíneo correspondientes.
Pero no, ¡no se trata de un monstruo de 11 cabezas! Lo que hay frente a Messi y sus 10 ayudantes es, en realidad, un grupo de chavales que se constituyeron en cooperativa, sector artesanía. El consejo rector de la empresa, encabezado por el gerente, D. Luis de la Fuente, artesano experimentado, los ha adiestrado durante años en el manejo de las herramientas: pies, tronco, cabeza, corazón, brazos… y también en el manejo de las cualidades necesarias para que la empresa funcione: generosidad para pensar en el compañero renunciando al lucimiento personal, humildad para no creerse victorioso antes de tiempo y espíritu de familia. La humildad permite un trabajo fecundo y efectivo, pues camina desde un corazón tranquilo y una mente sin tensión ni ambición. El espíritu de familia propicia la confianza de que pasarás el balón a alguien de tu casa, que busca lo mismo que tú.
Ya han conseguido grandes premios continentales en Europa… Y este caluroso 19 de julio de 2026 pueden conseguir el premio a su trabajo meticuloso y disciplinado: ganar la Copa del Mundo. No relataré los lances del partido, que resultó intenso, enconado, incómodo. Los cooperativistas conseguían anular al Artista, que no pudo destapar el frasco de las esencias con ese perfume narcotizante del rival que, cuando sale del hechizo, ya el Artista marcó gol. Tampoco relataré las teorías de la conspiración, que tanto consuela a los perdedores, y que explican la derrota de los argentinos; ni contaré que el mundo entero celebró el gol y la victoria de los artesanos como si fuera propia, con entusiasmos propios de hinchas locales que estallan tirando el vaso de cerveza al aire, en ofrenda a los dioses que cuidan de los buenos deportistas. Lo que sí voy a hacer es contaros la Disfunción Grupal Subconsciente que afectó a los argentinos y los sumió en la desesperación, en esa desesperación que da patadas cuando ya no tiene argumentos:
Rotura en Voluntad.
Os explico: cuando en el chequeo bioenergético a mi paciente sale Rotura, me está informando de una interrupción del flujo energético dimensional: la energía que viene del mundo del Espíritu (con perdón) se manifiesta primero en la Voluntad, pasa a la Mente, sigue su descenso hacia la Emoción, se convierte en Energía Vital y, finalmente, el músculo físico se mueve. Si la Rotura es en voluntad, entonces las acciones no son armoniosas, útiles, bellas. Si falta la energía de la Buena Voluntad, en su lugar actúa la mala voluntad, dando patadas, insultando, etc. En cuanto a la Rotura en Voluntad como Disfunción Grupal Subconsciente, se puede manifestar de varias formas: incapacidad para coordinar con el compañero (porque no lo reconoces como tu familia) o bien como confusión: en el interior de cada jugador, la Voluntad no se abre camino, hay cortes, interrupciones, no fluye, y pocas cosas salen bien. En el caso de Argentina, fue evidente la falta de una Voluntad coordinada, que sí se manifestó ante Inglaterra, su rival anterior, al que vencieron.
¿Cómo pudo aparecer esta disfunción en la final? Chequeando el origen, aparece el partido Inglaterra-Argentina, la semifinal, como momento y lugar en que se genera esta Disfunción Grupal Subconsciente en el alma grupal del equipo argentino. Concretamente, en varios lances del juego donde algunos jugadores argentinos se burlaron de los ingleses después de marcar los dos goles que les dieron la victoria. La escena más flagrante fue en el 84:57, justo después del primer gol de Argentina: ahí Cristian Romero se burló de Pickford, todavía abatido en el suelo. Se me dirá que es exagerado que estas escenas generen disfunciones grupales tan perjudiciales a posteriori. Como investigador en Ciencia Bioenergética aplicada al Rendimiento Deportivo, tengo que ceñirme a los resultados de mis chequeos (o rastreos, como dicen mis hermanos mexicanos). Esto es una ciencia exacta. Galileo Galilei lo expresó maravillosamente: «La matemática es el lenguaje con el que Dios ha escrito el universo.» En estos tiempos en que el Racionalismo quiere ser Científico, resulta difícil admitir que se pueda tener tanta certeza de cosas tan intangibles. Ese es el valor de la Bioenergética; y tiene un gran inconveniente: para tener fiabilidad en los diagnósticos y juicios bioenergéticos se precisa de un gran trabajo de años para discernir la información recibida por los instrumentos de medición que empleamos. Mientras uno no domine la Ciencia, naufragará en los falsos síes, falsos noes, conjeturas, opiniones y juicios precipitados que tanto gustan a nuestra mente y emoción.
Advertencia final: encontrar la causa del mal funcionamiento de la selección argentina no le quita ni un ápice de mérito al trabajo y triunfo de la Selección Española de Fútbol. Más aún, felicito públicamente al sr. Luis de la Fuente por su gran trabajo, lleno de inspiración y amor por su equipo. Un abrazo.