12/06/2026
La soledad no es un lujo.
No es un capricho.
Es una necesidad básica para volver a ti.
Y aun así, ¡cuánto cuesta a veces tomar ese espacio!
Cuesta pedirlo.
Cuesta dejar por un rato la casa, la carga, lo pendiente. Como si por elegir estar sola estés dejando todo eso que cargas a otra persona.
Y luego, cuando por fin estás sola, cuesta un rato acostumbrarse.
A veces aparece el móvil. La distracción. La incomodidad. La resistencia a estar contigo.
Como si el cuerpo necesitara un rato para entender:
“ahora no tengo que responder a nada”.
A mí la naturaleza me ayuda mucho a cruzar ese umbral. Caminar. Meterme en el agua. Salir del ruido.
Y entonces, poco a poco, sin esfuerzo y sin lucha, algo empieza a colocarse.
Empiezo a escucharme otra vez.
Recuerdo lo bien que estoy conmigo.
Recuerdo lo que necesito.
Mi cuerpo, mi respiración y mi mente empiezan a acompasarse: ahora sí, he vuelto.