10/04/2020
Casi 100.000 mu***os…. Parece que solo así el mundo tiene la oportunidad de dar un giro de 180 grados.
Ojalá hubiera bastado con todo lo previo…
Y es que , sin banalizar estas víctimas, todavía parecen pocas si miramos los más de 800.000 personas que mueren cada año en el mundo por suicidio y que posiblemente sean muchas más, puesto que muchas de estas muertes ni siquiera se registran.
De hecho cuando miramos entre las causas del suicidio nos encontramos entre ellas que muchos de los factores de riesgo para el suicidio y para la salud mental en general, son situaciones socioeconómicas adversas, fruto de la desigualdad promovida por las premisas de esta sociedad capitalista individualista que ahora parecen resquebrajarse. También del mismo modo entre otros factores se ha relacionado como factores de riesgo el perfeccionismo inoculado por la sociedad mercantilista enfocada al éxito. Pero claro el suicidio, uno piensa, no le va tocar a uno. No como esta pandemia. Sí, el suicidio es una pandemia más oculta, pero que pone de relieve los mismos fallos del sistema que nos han llevado donde estamos ahora, y como en esta ruleta rusa nunca sabe uno cuando le tocará sufrir la desigualdad.
Y sí, posiblemente cuando pase esta ola, se apacigüe la curva de contagios, nos encontraremos de nuevo, con un precipicio, propiciado por las devastadoras consecuencias socioeconómicas de la pandemia, donde la pandemia del suicidio oculta durante tantos años, que seguramente ha generado más mu***os en los últimos 5 años que los que se producirán ahora , posiblemente vuelva y con más fuerza.
Porque aunque parezca ahora que la “Salud” es lo primero, en realidad no lo es del todo. La prioridad es otra más importante: es construir una sociedad más saludable, más igualitaria, más solidaria, que eduque para la virtud, que enseñe a vivir, desde la compasión, desde el respeto , que ayude a sostener el sufrimiento y dolor de uno mismo y del otro … Una sociedad que dista mucho de los valores promovidos por esta que sucumbe ahora, donde el dinero y el poder son el rey.
Ahora es el tiempo de replantearnos todo ello, porque el virus pasará, pero el dolor generado por el sistema regresará y con ello regresaran esas UCIS invisibles, colapsadas también y lejos habitualmente de la noticias, por los miles de casos atendidos en urgencias por gestos suicidas, que acuden llenos de dolor y sufrimiento.
Para no llegar ahí, se necesitaran crear también respiradores, respiradores de un aliento de vida que solo se tejen en una verdadera comunidad donde de verdad no se deje a nadie atrás.
Con esta pandemia le ha tocado a los mayores, nuestra memoria, y ahí aun somos sensibles, excepto parece que para ciertos países e ideologías políticas más abanderados del capitalismos individualista que se aferran y se resisten a regañadientes a dar su brazo a torcer.
Pero en el tema del suicidio y también en el de la salud mental, se nos señala algo más oculto. Como decía Durkheim el suicidio ser una de las formas en que se traduce la afección colectiva que todos sufrimos, un emergente que de una afección colectiva, de la que el suicidio constituiría , tan sólo, "una" de sus manifestaciones. Mirar a la próxima pandemia, y en especial al suicidio nos obliga preguntarnos algo más latente, si realmente la sociedad moderna genera malestar.
Y solo reconociendo esto podremos empezar a cambiar, porque solo así podremos remar hacia un horizonte que genere esperanza, para un verdadero cambio en la sociedad
PhD en Medicina y Psicólogo de la Universidad de Harvard, Psiquiatra de la Universidad de Chile. Referente mundial de la terapia Gestalt y la psicología tran...