La verdad es que yo era masajista in saberlo, desde mi más tierna adolescencia. Cada vez que alguien tenía un dolor, mis manos sabían lo que debían hacer. Sin embargo, hube de recorrer muchos caminos, muy diversos, antes de formarme como masajista y posteriormente como terapeuta holística. Fue al llegar a Galicia, tierra que me acogió con la calidez que la caracteriza, cuando encontré el germen de
mi pasión: mis manos hallaron su destino. Estudié masaje en una buena escuela, con tanto placer y tanto entusiasmo que obtuve una de las mejores calificaciones de mi promoción. Los directores me reclutaron y me entrenaron como formadora. Durante 18 años enseñé la profesión a cientos de muchachos y muchachas que así se labraron un futuro. Guardo en el corazón tantos buenos recuerdos, y tantas satisfacciones, que sólo puedo dar gracias. En esta etapa, aquí en Mallorca, procuro combinar el trabajo como terapeuta holística con la formación desde otro ángulo, más personal, casi de clases particulares, con muy pocos alumnos por vez. Como terapeuta soy empática, fuerte y cálida. Utilizo todas las técnicas de que dispongo, creando en cada sesión una versión única que responde a la necesidad del receptor y a lo que surge en el desarrollo de la misma. Como formadora soy cercana, me gusta divertirme sin apartar el foco del tema a aprender. Me dejo la piel en la tarea. La comunicación es uno de mis fuertes. La presencia es lo más importante. Cuentas conmigo