13/05/2026
Os dejamos un escrito de un compañero, adecuado para las fechas que se aproximan.
𝑳𝒂 𝒇𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒅𝒊𝒄𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒏𝒐 𝒑𝒖𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒊𝒕𝒂𝒓𝒎𝒆.
En 2018 comencé mi rehabilitación en Arpial. Han sido años muy duros en los que me tuve que apartar de cosas como ir al Rocío. Ir a la romería es como meterse en la boca del lobo, nuestra manera de vivir el Rocío es la alegría, y esa alegría muchas veces se traduce en excesos. Por eso yo, como adicto, debo tener un especial cuidado.
Me costó años y muchas lágrimas encontrar la manera de volver a ir al camino, y por mucho que buscaba, no la encontraba. Me hacía a mí mismo muchas preguntas: “Virgen del Rocío, ¿por qué no puedo peregrinar hacia tu aldea? ¿Por qué los excesos me quitan el privilegio de ir por los caminos hacia tu altar? ¿Tengo que hacer este sacrificio por mi adicción y por ello ya no podré peregrinar hacia tus plantas? ¿Los míos tienen que sufrir estas consecuencias?”.
Me costó años encontrar la fe. Solo tenía que creer en que peregrinar es mucho más que la juerga y los excesos, detrás de todo ello existe la fe. Ser rociero no tiene nada que ver con todo eso.
Camino sin complejos. No busco nada más allá de caminar lleno de fe hacia ti, Virgen del Rocío, acompañado de las personas correctas, de las que yo he querido rodearme. En mi caso concreto he entendido que mi adicción no me puede robar la fe. Me he quitado la venda de los ojos y ahora sé por qué hago el camino.
Al igual que pasa en la vida, toda persona adicta no tiene por qué renunciar a sus aficiones o a la fe. Se trata de superar una etapa de rehabilitación y buscar la verdadera esencia de lo que más nos mueve. Debemos desplazar cualquier etiqueta o estigmatización; lo que más nos gusta no es la razón por la que tengamos que renunciar a ello.
Gracias a mi adicción, a mi rehabilitación diaria y a todo lo aprendido en Arpial, puedo llegar a comprensiones que me llevan a un lugar de agradecimiento hacia todas las personas que contribuís a ella. Soy consciente en todo momento de quién soy y sé de dónde vengo. Por eso sé por qué voy al Rocío caminando por los caminos.
Y si algo he aprendido en todos estos años, es que cuando una persona lleva poco tiempo en rehabilitación tiene que tener mucho cuidado con querer volver demasiado rápido a su antigua vida. Yo mismo pensaba que podía hacerlo, que tenía el control y que nada iba a pasar. Pero la realidad es que muchas veces seguimos siendo los mismos, con los mismos pensamientos y rodeados de los mismos peligros.
No se trata de dejar de vivir, ni de renunciar para siempre a lo que uno ama. Se trata de aprender a vivirlo de otra manera, con conciencia, con humildad y sabiendo quiénes somos. Hay cosas que necesitan tiempo, madurez y una rehabilitación diaria para poder volver a vivirlas sin destruirnos. Eso es algo que también he aprendido gracias a Arpial y al trabajo constante de todos estos años.
Yo tuve que apartarme durante años, y aunque me dolió muchísimo, hoy entiendo que era necesario. Porque antes buscaba la fiesta y el exceso, y ahora busco la fe, la paz y el verdadero sentido del camino.
Me salen lágrimas al escribir esto porque estuve ciego durante muchos años, pero también de alegría al pensar que eras tú quien me llevaba y me guiaba. Solo quien tiene fe me puede entender.
Por eso quiero decirle a quien esté empezando que no tenga prisa. La rehabilitación no nos quita la vida; nos enseña a recuperarla.