09/03/2026
He estado más callada por aquí estos meses.
La vida me ha llevado a lugares muy poco “espirituales”…
y muy reales.
Venta de una casa.
Búsqueda de otra.
Mudanza.
Decisiones importantes.
Y, entre todo eso, algún que otro giro inesperado que me obligó a parar, replantear y empezar de nuevo.
Han sido meses muy intensos.
Meses en los que la práctica consciente no ocurre en una esterilla de yoga ni en una meditación tranquila,
sino en medio de papeles, incertidumbre, conversaciones y decisiones que no siempre sabes si son las correctas.
A veces pensamos que el camino interior ocurre cuando todo está en calma.
Pero la verdad es que muchas veces ocurre justo al revés.
Ocurre cuando la vida se mueve.
Este tiempo me ha recordado algo muy importante:
La espiritualidad no está separada de la vida.
Se pone a prueba dentro de ella.
Por eso he estado más en silencio.
No porque el camino se haya detenido…
sino porque estaba ocurriendo por dentro.
Y curiosamente, en medio de todo esto, he aprendido algo muy profundo sobre la intuición.
Sobre lo que pasa cuando recibes una señal clara…
y aun así decides no escucharla.