31/08/2026
Los últimos días en Sri Lanka no han sido fáciles.
Al día siguiente de despedirme del grupo tuve que ser hospitalizada durante cuatro días debido a una infección de o***a y riñón.
Ahora me encuentro recuperándome, física y también emocionalmente. Este ingreso, que me ha pillado completamente por sorpresa, ha destapado muchas emociones, miedos e inseguridades que desconocía.
Me he sentido muy vulnerable y frágil al comprobar cómo todo puede cambiar de un día para otro y cómo hay situaciones que escapan por completo a nuestro control.
Desde el año pasado vengo haciendo cambios. Mi cuerpo y mi mente empezaron a decirme que era hora de cerrar una etapa, de gestionar muchas cosas de otra manera y de tomar decisiones importantes.
Y así lo estaba haciendo: poco a poco, de manera progresiva, replanteándome y reorganizando muchas cosas.
Pero ahora sé que el cambio no puede esperar.
Esta enfermedad ha venido, de alguna manera, a ponerme delante lo que ya sabía, pero quizá todavía no estaba preparada para mirar de frente. Y como he visto las orejas al lobo, he decidido escucharlo, asimilarlo y aceptar que ha llegado el momento de recalcular la ruta.
Todas las actividades que ya están programadas y confirmadas siguen adelante. Estoy gestionando apoyos para aquellas que, ahora mismo, no me siento capaz de llevar adelante yo sola, como acompañar al grupo que llega mañana aquí a Mama India.
Pero hay algo que sí voy a hacer desde ya: tomarme un descanso de las redes sociales.
Me encanta comunicar, compartir y estar en contacto con vosotros, pero no quiero seguir haciéndolo de esta manera.
No quiero formar parte de este juego en el que parece que, si no te muestras, no existes; en el que hay que estar continuamente presente, mostrándose, destacando y generando contenido.
A mí me lleva hacia fuera.
Y yo escogí el camino del yoga precisamente como un camino hacia dentro.
Las redes me están quitando tiempo y energía de cosas que hoy son mucho más importantes para mí.
Así que decido parar.
Tomarme un tiempo de descanso, de silencio y de escucha.
Y si en algún momento aparezco por aquí, será porque me apetece compartir algo con vosotros. Sin más. Sin obligación. Sin necesidad de estar.
Quiero agradecer enormemente a todas las personas que estos días habéis estado pendientes de mí, ya fuera porque conocíais mi estado de salud o porque os preocupaba que pudiera encontrarme en Nepal. Siento muchísimo todo lo que allí ha sucedido.
Podéis seguir escribiéndome cuando queráis. Siempre me gusta leeros, saber de vosotros y seguir compartiendo.
Esto no es una despedida.
Es una pausa.
Un reseteo necesario para volver a colocar mi vida en un lugar más alineado conmigo, con lo que necesito ahora y con aquello que verdaderamente quiero cuidar.
Y aunque estos últimos días en Sri Lanka no hayan sido precisamente idílicos, me despido de este maravilloso país profundamente agradecida.
Por todo lo vivido durante estos dos meses.
Por todo lo compartido.
Por todo lo aprendido.
Y también por esta última enseñanza que, aunque no está siendo fácil de digerir, acepto como necesaria.
A veces la vida nos obliga a parar cuando nosotros todavía no hemos sabido hacerlo.
Quizá esta sea, precisamente, la invitación.
Con amor,🙏✨🤍
Ambica · Rebeca