05/06/2026
Con frecuencia los pacientes nos consultan porque notan la mirada más cansada o más triste, o porque sienten que sus párpados ya no son como antes. Muchas veces piensan que todo es debido al envejecimiento de la piel.
Sin embargo, la zona periocular ocupa una posición central en la cara y gran parte de lo que transmitimos depende de ella. Además, está rodeada por un conjunto de estructuras que también envejecen de igual manera con el paso del tiempo.
Con los años esa piel tan fina pierde elasticidad y grosor, pero también pierde volumen y soporte óseo. En la región temporal se atrofia el poco tejido graso que existe y la zona se hunde progresivamente. Al mismo tiempo, la cavidad orbitaria
aumenta de tamaño debido a la reabsorción ósea.
Como consecuencia de estos cambios, los tejidos pierden parte de la sujeción que tenían anteriormente.
La grasa orbitaria puede desplazarse hacia delante y es lo que origina la aparición de las “bolsas”. En algunos pacientes observamos además protrusión de grasa en el párpado superior o incluso descenso de la glándula lagrimal.
Todos estos cambios contribuyen al envejecimiento de la mirada, aunque no siempre lo hacen de la misma manera ni con la misma intensidad.
Por eso lo primero es entender qué estructuras están contribuyendo realmente a los cambios que se están produciendo en cada paciente. Solo a partir de un diagnóstico correcto podemos plantear el tratamiento más adecuado, como siempre.