17/08/2026
En los años 50 muchos médicos atendían en sus propias casas o en la del paciente.
Como no existían materiales desechables, agujas, tijeras o gasas se reutilizaban.
Este esterilizador funcionaba con alcohol y fuego: al encender una cerilla, la llama calentaba el interior, generando v***r y presión. Así quedaban listos para la siguiente cura u operación.
Las gasas, vendas o agujas se introducían en unas latas metálicas. Al cerrarlas y calentarlas, el v***r entraba por los pequeños agujeros y esterilizaba el material.
El recipiente se giraba para cerrarlo de nuevo, y el contenido se mantenía estéril durante días. Un sistema sencillo, pero fundamental.
No había hospitales accesibles ni Seguridad Social.
Cada médico tenía su propio material y lo traía aquí, a la farmacia, para que se lo esterilizáramos.
Hasta las agujas de cristal y las jeringuillas se hervían para poder reutilizarse en la siguiente visita.