27/05/2026
Vuelves al trabajo después del cáncer. Y para todos ya ha pasado todo. Para ti no.
Durante el tratamiento había más tiempo para comer bien. Ahora hay horarios, cansancio al llegar a casa y la sensación de que ya estás bien hace que nadie esté tan pendiente. Y la alimentación empieza a quedar en segundo plano.
Lo primero que digo en consulta: no te pongas la capa de superheroína. No vas a llegar a casa con energía para hacer la compra y ponerte a cocinar. Nadie llega. Ni yo. La clave es prepararte antes de que llegue ese momento.
Media hora el domingo. Decides qué comes la semana, haces la compra y dejas algo medio preparado — unas verduras asadas, unas legumbres, una crema. Con eso tienes recursos cuando llegues cansada. Sin eso, acabas comiendo lo que pillas.
Tus aliados: legumbres en bote, verduras congeladas, conservas de pescado, huevos cocidos en la nevera. No es lo ideal. Es lo que funciona cuando la vida no da para más.
La estructura no cambia: verdura siempre, proteína en cada comida, hidrato según el ejercicio. En taper o en plato. Y si las cosas no salen como las habías planeado, abraza el plan B. Improvisar con lo que tienes también es una habilidad.
Si vives en familia, la planificación es de todos. Pide ayuda cuando la necesites.
Guarda esto y mándaselo a alguien que lo necesite.