25/08/2026
Después del último reel he leído una frase una y otra vez:
«Eso no se supera nunca».
Y entiendo por qué se siente así.
Hay relaciones, amores imposibles y rupturas que no terminan porque dejamos de querer. Terminan aunque todavía exista amor. Y quizá por eso algunos duelos afectivos son especialmente difíciles: no tenemos una historia horrible que contarnos para poder marcharnos.
Solo tenemos que aceptar que algo fue importante y, aun así, no podía continuar.
Pero hay algo que me gustaría matizar.
Superar no significa olvidar.
Tampoco conseguir que deje de importarte.
Y mucho menos demostrar que ya no sientes absolutamente nada.
A veces confundimos sanar con borrar.
Y no funciona así.
Puedes haber superado una relación y emocionarte al recordarla. Puedes no querer volver y sentir tristeza por lo que no pudo ser. Puedes construir una vida preciosa y seguir guardando cariño por alguien que ya no forma parte de ella.
Porque nuestro cerebro no elimina los vínculos significativos como quien borra un archivo.
Los integra.
Y quizá ahí esté una parte importante del duelo: conseguir que aquello que ocurrió encuentre un lugar dentro de nuestra historia sin seguir dirigiendo nuestro presente.
Por eso, cuando alguien dice «creo que nunca lo superaré», quizá la pregunta no sea cuándo conseguirá dejar de sentir.
Quizá sea otra:
¿Puedo recordar lo que vivimos sin necesitar volver a vivirlo?
Porque sanar no siempre consigue que algo deje de doler para siempre.
A veces consigue algo mucho más importante:
que pueda doler… y que tú puedas seguir adelante igualmente.