26/07/2026
¿Por qué este verano se están produciendo tantos ahogamientos? Ocho cosas que probablemente no sabías y que pueden salvar una vida
Cada verano se producen ahogamientos, pero 2026 está siendo especialmente preocupante. España ha registrado uno de los peores comienzos de año de la última década, con 217 fallecidos durante el primer semestre. Solo en junio murieron 92 personas, el peor dato para ese mes desde que existen registros.
Los expertos coinciden en que no existe una única explicación. A las altas temperaturas, que han llevado a más personas a buscar refugio en playas, piscinas, ríos y embalses, se suma el aumento de los baños en aguas interiores sin vigilancia, el envejecimiento de la población y factores tan conocidos como el consumo de alcohol o el exceso de confianza.
Lejos de ser una simple sucesión de accidentes aislados, el ahogamiento constituye un importante problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 300.000 personas fallecen cada año por esta causa y ha fijado como objetivo reducir esta mortalidad un 35 % antes de 2035.
Pero detrás de las cifras hay una realidad que conviene conocer. Estos son algunos aspectos que todos deberíamos tener presentes antes de acercarnos al agua.
1. El ahogamiento no hace ruido
Las películas nos han enseñado una imagen muy alejada de la realidad. Quien se está ahogando rara vez grita o agita los brazos pidiendo ayuda. En esos momentos, el cuerpo dedica toda su energía a intentar respirar y mantener la boca fuera del agua. La cabeza apenas consigue salir unos instantes antes de volver a hundirse.
Por eso muchos ahogamientos ocurren delante de otras personas sin que nadie llegue a darse cuenta de lo que está sucediendo.
2. No es solo un problema de niños
Los menores de entre uno y cuatro años siguen siendo uno de los grupos con mayor riesgo y representan aproximadamente uno de cada cuatro fallecimientos por ahogamiento en el mundo. Sin embargo, en España una parte importante de las víctimas son adultos y personas mayores.
Problemas cardíacos, pérdida de fuerza, enfermedades neurológicas o determinados medicamentos pueden dificultar la capacidad de reaccionar ante una situación inesperada en el agua.
3. Los ríos y embalses esconden más peligros de los que parecen
Cuando pensamos en ahogamientos solemos imaginar el mar, pero muchos accidentes ocurren en aguas interiores.
Los ríos, embalses y pozas pueden presentar corrientes invisibles, cambios bruscos de profundidad, agua muy fría incluso en pleno verano, lodo, rocas o ramas sumergidas. Además, la mayoría de estas zonas no cuentan con socorristas ni sistemas de vigilancia.
4. Saber nadar ayuda, pero no hace invencible
Aprender a nadar es una de las mejores herramientas de prevención y la OMS recomienda enseñar habilidades de supervivencia acuática desde edades tempranas.
Sin embargo, saber nadar no elimina el riesgo. Un calambre, un golpe, un problema médico o una corriente pueden poner en peligro incluso a un nadador experimentado. La prudencia sigue siendo la mejor medida de seguridad.
5. El alcohol multiplica el riesgo
Muchos accidentes ocurren durante comidas familiares, fiestas o reuniones con amigos.
El alcohol disminuye los reflejos, altera la percepción del riesgo y favorece decisiones impulsivas como lanzarse desde una roca, intentar cruzar un embalse nadando o entrar al agua cuando las condiciones no son seguras.
Agua y alcohol nunca forman una buena combinación.
6. Los flotadores no sustituyen la vigilancia
Manguitos, colchonetas o flotadores son juguetes, no dispositivos de seguridad.
Pueden volcar, desplazarse rápidamente o salirse del cuerpo del niño. La única medida realmente eficaz es la vigilancia activa de un adulto, permaneciendo cerca del menor y sin distracciones.
Mirar el teléfono móvil durante unos segundos puede ser suficiente para que ocurra un accidente.
7. Rescatar también puede ser peligroso
El impulso de lanzarse al agua para ayudar es comprensible, pero muchas personas han perdido la vida intentando rescatar a otra.
Siempre que sea posible, resulta más seguro lanzar un objeto que flote, acercar una cuerda o un palo y avisar inmediatamente al 112. Solo debería entrar al agua quien tenga la formación adecuada y pueda hacerlo sin poner en riesgo su propia vida.
8. Aprender RCP también salva vidas
Cuando una persona deja de respirar, los primeros minutos son decisivos.
Activar rápidamente el 112 e iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) mientras llegan los servicios de emergencia puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por ello, cada vez resulta más recomendable que la población general conozca estas maniobras básicas.
Un problema que podemos prevenir
La mayoría de los ahogamientos no son inevitables. Vigilancia constante de los niños, respeto por las normas de seguridad, evitar el consumo de alcohol antes del baño, elegir zonas vigiladas y conocer las maniobras básicas de RCP son medidas sencillas que han demostrado salvar vidas.
Este verano nos recuerda que el agua, además de ser un lugar de ocio, merece siempre nuestro respeto.
Porque el mejor rescate es el que nunca llega a ser necesario.