12/06/2026
A veces creemos que lo que molesta de nosotros son nuestros errores, nuestras caídas o nuestras debilidades… pero no.
Muchas veces lo que realmente incomoda es justo lo contrario, la forma en que seguimos adelante aun teniendo miedo, la manera en que sonreímos después de haber llorado muchísimo, cómo seguimos creyendo en la vida después de ciertas decepciones, cómo volvemos a levantarnos cuando otros pensaban que ya nos habíamos roto del todo.
Porque hay personas que no soportan ver en otros el valor que ellas todavía no han encontrado dentro de sí mismas… y entonces señalan, critican, juzgan, minimizan… no porque estés haciendo algo mal, sino porque tu manera de avanzar les recuerda todo aquello que ellos no se atreven a enfrentar.
Y a veces incluso intentan disfrazarlo de amor, de preocupación o de intensidad.
Son esas personas que al principio parecen puro cariño, pura atención, que te llenan de palabras bonitas, de interés constante, de una necesidad casi exagerada de estar presentes en tu vida… pero poco a poco algo cambia.
Empiezan los celos sin motivo, las molestias por cosas pequeñas, las explosiones emocionales que aparecen de la nada, las discusiones absurdas, las inseguridades convertidas en reproches.
Y acabas sintiendo que tienes que medir cómo hablas, cómo miras, cómo actúas… solo para no despertar tormentas que nunca deberían existir en un amor sano.
Porque hay personas que no saben amar sin poseer, sin controlar, sin apagar poco a poco aquello que precisamente les atrajo de ti… Hay quien se incomoda viendo a alguien sanar, hay quien no soporta ver a alguien brillar sin pedir permiso, hay quien preferiría verte apagada, más pequeña, más insegura… porque así no tendrían que enfrentarse a sus propios vacíos.
Pero eso ya no tiene nada que ver contigo, por eso nunca suavices tu esencia para hacer sentir cómodos a quienes viven incómodos consigo mismos. No escondas tu luz, no disimules tu sensibilidad, no dejes de ser auténtica solo porque otros no sepan qué hacer con alguien que siente de verdad, que lucha de verdad y que sigue caminando incluso con las rodillas temblando.
Tú sigue a tu ritmo, sin competir con nadie, sin demostrar nada, simplemente siendo fiel a quien eres… porque al final las personas más luminosas no son las que nunca se rompieron… son las que, aun habiéndose roto mil veces, decidieron seguir brillando igual.
Y sí… las luciérnagas siempre incomodarán a quienes solo saben vivir en la oscuridad.💚
Copyright © 2026. Julia Gutiérrez
No borres la autoría, comparte respetando.