22/06/2026
A veces me doy cuenta de lo fácil que es hablar del cuidado de la piel como algo positivo sin pararnos demasiado a pensar qué significa realmente.
Rutinas, productos, constancia, prevención… todo suena a autocuidado. Y en parte lo es, pero hay un punto en el que deja de ser solo eso y empieza a parecer otra cosa, una especie de obligación silenciosa de estar siempre mejorando algo.
La piel es un órgano, no solo una superficie que “arreglar”. Nos protege, nos permite sentir, nos conecta con lo que pasa fuera. Y aun así, muchas veces la reducimos a un lugar donde intervenir constantemente.
En este artículo intento ordenar algunas ideas que me rondan últimamente sobre el envejecimiento femenino, la presión estética y cómo la industria de la belleza no solo responde a lo que queremos, sino que también influye en lo que empezamos a considerar “necesario”.
También me interesa mucho cómo cambia la forma en la que se valora a las mujeres con la edad. No es lo mismo envejecer siendo hombre que siendo mujer, y eso acaba filtrándose en todo, incluso en cosas que parecen tan “neutras” como una rutina de skincare.
No es un ataque al cuidado de la piel, es más bien una pregunta sobre desde dónde lo hacemos y qué relación estamos construyendo con nuestro propio cuerpo.
Si te interesa, lo he dejado en la web 📖
www.arantxapardo.com