17/06/2026
Muchas personas crecieron creyendo que reconocer sus fortalezas era arrogancia.
Por eso, cuando reciben un elogio, lo minimizan.
Cuando logran algo importante, le restan mérito.
Y cuando hacen algo bien, sienten la necesidad de justificarse.
Sin darse cuenta, terminan tratándose con una exigencia y una dureza que nunca tendrían hacia alguien que aman.
La humildad no consiste en negar tus capacidades, tus esfuerzos o tus logros.
La verdadera humildad consiste en reconocer tanto tus fortalezas como tus áreas de mejora, sin sentirte superior a nadie, pero tampoco inferior.
Aceptar que tienes cualidades, habilidades y aspectos valiosos no te vuelve arrogante.
Te vuelve más consciente de quién eres.
Reconocer tus fortalezas no te vuelve arrogante. Minimizar constantemente tu valor tampoco te vuelve humilde.
Te invito a preguntarte:
¿Cuántas veces has restado importancia a algo bueno de ti por miedo a lo que otros puedan pensar?
Maricarmen Herrera
Psicóloga Clínica