27/04/2026
UN CAFÉ… Hoy Domingo en la soledad de mi casa, decidí invitar a alguien a tomar un café conmigo. Teníamos tiempo de no hablar de esta forma, así que hice dos tazas de café, una para mi y puse la otra en la silla de enfrente y le dije: Jesús, necesito hablar contigo de muchas cosas, aceptarías tomarte un café conmigo ? Lo hice siendo un poco escéptica, he de decir, porque no le hablé en oración, ni en meditación, le hablé como le hablo a un amigo, con quien tengo tiempo de no hablar. Y esperé, con cuaderno en mano lista para las respuestas. La sorpresa para mí fue que efectivamente cuando las respuestas comenzaron a llegar a mi alma, no pude escribir nada porque el llanto en que me envolví no me dejó. Mientras el café se me aguaba de tanto llorar, le expliqué uno por uno mis duelos (si, son varios a la vez),mis sombras, lo que más me dolía, lo que me preocupaba, lo que dejé, lo que acepté, lo que me rompió, y fui contándole tema por tema haciendo una regresión de vida creo que hasta el día uno de mi vida, y lloré hasta que me vacié. Fue finalmente aceptar con Verdad que tenía temas que no había querido ver dentro, duelos postergados, duelos negados, máscaras que nos ponemos para que nadie note el dolor que llevamos. Fueron varias horas, Pero lo sorprendente fue encontrar en ese vaciarme, paz, certezas y luz. Camino y propósito. No tengo todas las respuestas pero lo importante aquí es decidirse a afrontar lo que duele cuando el alma está lista para sanar. Por que decidí contar esto? Los Tanatólogos somos humanos también, duélamos, nos herimos, nos confrontamos con nuestras sombras y luces en la vida. Pero muchas veces, dejamos para después nuestra sanacion, porque nos apasiona poder ayudar a otros a sanar, a atravesar sus procesos. Pero en este camino con mis acompañados, me he visto sanando junto con ellos en mi silencio, a través de sus historias de vida que innegablemente tocan la mía. No podemos evitar ser personales en este viaje, es hermoso y a la vez transformador. Puedo decir hoy que al final, el café no se enfrió y fue una de las mejores citas de café que he tenido. El ejercicio en terapia se llama LA SILLA VACÍA (aunque nunca está vacía en realidad).