05/06/2026
María tenía 23 años y estaba convencida de que gozaba de buena salud.
Trabajaba en una cafetería del centro de la ciudad, hacía ejercicio con frecuencia y rara vez visitaba al médico. Cuando sus amigas hablaban sobre infecciones de transmisión sexual, ella pensaba que aquello era algo que les ocurría a otras personas.
—Yo me siento perfectamente bien —solía decir.
Y, en efecto, se sentía bien.
O al menos eso creía.
Lo que María desconocía era que una bacteria microscópica llevaba semanas habitando en su organismo sin provocar señales evidentes. No tenía fiebre, ni dolor intenso, ni síntomas alarmantes. Apenas notaba un ligero aumento del flujo vaginal que atribuía al estrés y a los cambios hormonales.
La responsable era una vieja conocida de la medicina: Neisseria gonorrhoeae, la bacteria causante de la gonorrea.
Una infección que sabe esconderse
Durante una campaña de salud sexual en su universidad, una enfermera explicó que la gonorrea es una de las infecciones de transmisión sexual bacterianas más frecuentes del mundo y que su incidencia continúa aumentando.
—Lo más peligroso —comentó la profesional— es que muchas mujeres no presentan síntomas o estos son tan inespecíficos que pasan desapercibidos.
Aquella frase hizo que María recordara el flujo que había estado experimentando.
Por curiosidad decidió realizarse una prueba de detección.
Dos días después recibió una llamada inesperada.
—María, tu prueba resultó positiva para gonorrea.
El mundo pareció detenerse.
—Debe haber un error —respondió nerviosa—. Yo no me siento enferma.
Pero no había ningún error.
Lo que la mayoría desconoce
En la consulta, la ginecóloga le explicó que la gonorrea puede infectar diferentes partes del cuerpo.
—No solo afecta el cuello uterino o la uretra —dijo mientras señalaba un esquema anatómico—. También puede encontrarse en la garganta y en el recto.
María recordó entonces que había tenido relaciones sexuales orales con su pareja.
Por ese motivo se solicitaron muestras adicionales de faringe y recto.
El resultado sorprendió incluso a la paciente: la infección también estaba presente en la garganta.
—¿Y eso es grave? —preguntó.
—Las infecciones faríngeas son especialmente importantes porque pueden pasar completamente desapercibidas y son más difíciles de erradicar que las infecciones genitales.
La amenaza silenciosa
La ginecóloga decidió profundizar.
—Si esta infección no se diagnostica a tiempo puede ascender hacia el útero y las trompas de Falopio, causando enfermedad inflamatoria pélvica.
María tragó saliva.
—¿Y qué puede pasar entonces?
—Dolor pélvico crónico, embarazo ectópico e incluso infertilidad.
Aquella última palabra cayó como una piedra.
Infertilidad.
Nunca había pensado que una infección aparentemente silenciosa pudiera comprometer sus posibilidades futuras de ser madre.
El tratamiento
Afortunadamente, el diagnóstico había llegado antes de que aparecieran complicaciones.
La especialista explicó el manejo actual.
—El tratamiento recomendado es una dosis única de ceftriaxona intramuscular de 500 mg. En personas que pesan 150 kilogramos o más se utiliza 1 gramo.
María recibió la inyección ese mismo día.
Sin embargo, había otro detalle importante.
—Todavía no hemos descartado una coinfección por clamidia —explicó la médica—. Por seguridad añadiremos doxiciclina 100 mg cada 12 horas durante siete días.
La paciente asintió.
Creía que todo terminaría allí.
Pero estaba equivocada.
El enemigo aprende
Mientras revisaba información en internet, María descubrió algo inquietante.
La bacteria responsable de su infección llevaba décadas desarrollando resistencia a numerosos antibióticos.
Medicamentos que antes funcionaban habían dejado de ser eficaces.
Al día siguiente preguntó sobre ello.
—Es cierto —respondió la ginecóloga—. La gonorrea es considerada una amenaza urgente por su capacidad para desarrollar resistencia antimicrobiana. Por eso seguimos muy de cerca los cambios en la susceptibilidad a los tratamientos.
—¿Y la ceftriaxona todavía funciona?
—Sí. Hasta ahora sigue siendo altamente eficaz, aunque vigilamos especialmente las infecciones faríngeas porque son las más difíciles de erradicar.
La conversación difícil
Esa noche María tuvo que hacer algo que le producía más miedo que la inyección.
Llamó a su pareja.
Le explicó el diagnóstico y la necesidad de que él también fuera evaluado y tratado.
No fue una conversación sencilla.
Sin embargo, entendió que el tratamiento individual no basta cuando existe riesgo de reinfección.
Siete días que importan
Antes de salir de la consulta recibió instrucciones claras.
—No debes mantener relaciones sexuales durante siete días después del tratamiento.
—¿Aunque me sienta bien?
—Precisamente porque puedes sentirte bien y aun así transmitir la infección.
Aquella recomendación parecía simple, pero era fundamental para evitar nuevos contagios.
El control que muchos olvidan
Dos semanas después, María acudió nuevamente al hospital.
Como su infección había afectado la garganta, se realizó una prueba de curación entre los 7 y 14 días posteriores al tratamiento.
El resultado fue negativo.
La infección había desaparecido.
Pero la historia aún no terminaba.
—Quiero volver a verte dentro de tres meses —dijo la médica.
—¿Tres meses? ¿Para qué?
—Porque muchas personas vuelven a infectarse. Realizar una nueva prueba es una de las mejores formas de detectar reinfecciones tempranas.
La lección
Meses después, María reflexionó sobre todo lo ocurrido.
La enfermedad que había puesto en riesgo su salud reproductiva jamás le provocó síntomas alarmantes.
No la obligó a faltar al trabajo.
No la llevó a urgencias.
No le causó fiebre.
Simplemente permaneció en silencio.
Y ese silencio era precisamente su mayor peligro.
Desde entonces, cada vez que alguien decía: “Si tuviera una infección, me daría cuenta”, María respondía con una sonrisa.
Porque sabía algo que muchos desconocían:
La gonorrea no siempre avisa.
Y cuando finalmente habla, a veces ya es demasiado tarde.
Puntos clave para recordar
• La gonorrea puede ser completamente asintomática, especialmente en mujeres.
• Puede infectar tracto urogenital, faringe y recto.
• Se recomienda tamizaje anual en mujeres sexualmente activas menores de 25 años y en mayores con factores de riesgo.
• El tratamiento estándar es ceftriaxona 500 mg IM dosis única (1 g si ≥150 kg).
• Si no se descarta clamidia, añadir doxiciclina 100 mg cada 12 horas durante 7 días en pacientes no embarazadas.
• Debe evitarse la actividad sexual durante 7 días después del tratamiento.
• La gonorrea presenta creciente resistencia antimicrobiana.
• La gonorrea faríngea requiere prueba de curación a los 7–14 días.
• Todos los pacientes deben repetir pruebas aproximadamente a los 3 meses para detectar reinfecciones.
⚠️ Aviso: El contenido de esta publicación tiene fines educativos y está basado en una fuente, no pretende ser un consenso. No debe ser utilizada para autodiagnóstico ni automedicación. Si usted no es un profesional sanitario, consulte siempre con un médico, obstetra u otro personal calificado antes de tomar decisiones relacionadas con su salud.