30/07/2026
El inconsciente nunca proyecta solo lo que reprime; también delata la posición del que mira.
La gracia de esta viñeta no está en el dibujo, sino en el escándalo. Frente a una mancha ambigua, la paciente no descubre la perversión del analista: pone en escena la suya. El psicoanálisis lleva décadas insistiendo en que la percepción nunca llega desnuda; siempre arriba vestida con nuestros fantasmas, prejuicios y deseos.
Jean Laplanche recordaba que el sujeto no interpreta desde un vacío, sino desde los enigmas que lo habitan. Aquello que parece “evidente” suele ser el resultado de una traducción inconsciente. Y Piera Aulagnier añadía que cada quien construye una realidad que pueda soportar, aunque para ello deba deformarla.
Lo curioso es que quien grita “¡qué obscenidad!” suele creer que está describiendo el mundo, cuando en realidad está revelando el diccionario secreto con el que lo lee.
Al final, la prueba no dice quién es el otro. Dice quién habla cuando creemos estar juzgando. No siempre vemos lo que hay; muchas veces vemos lo que nuestra historia necesita encontrar.