05/07/2026
Evangelio del domingo — Mateo 11,25-30
El verdadero descanso no consiste en hacer menos.
Consiste en vivir más cerca de Cristo.
Jesús no dice:
"Vayan de vacaciones."
"Tómense un descanso."
Dice:
"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados."
Porque hay un cansancio que ningún fin de semana puede aliviar.
El cansancio del alma.
Entonces, ¿cómo descansamos realmente en Él?
1. Deja de cargar solo lo que Dios quiere cargar contigo.
Muchas veces vivimos creyendo que todo depende de nosotros.
Queremos controlar el futuro, resolver todos los problemas y sostener todas las cargas.
Descansar comienza cuando dejamos de actuar como si fuéramos Dios.
Ora y entrégale aquello que hoy no puedes cambiar.
2. Aprende a permanecer con Jesús, no solo a hablarle cuando estás desesperado.
Una relación necesita tiempo.
El descanso del alma nace cuando hacemos espacio para Cristo en la vida cotidiana.
Aunque sean diez minutos.
Aunque sea en silencio.
Aunque solo puedas decir:
"Aquí estoy, Señor."
3. Vive como Jesús.
Él mismo dice:
"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón."
Muchas veces nuestro cansancio no proviene solo del trabajo.
Proviene del orgullo.
De querer tener siempre la razón.
De vivir comparándonos.
De intentar agradar a todos.
Cada vez que elegimos la humildad, el perdón y la confianza, el corazón se vuelve más ligero.
Porque empezamos a llevar el yugo de Cristo y dejamos de cargar el nuestro.
Al final, descansar en Dios no significa escapar de la vida.
Significa aprender a vivirla con Cristo.
Y ese descanso comienza cuando dejamos de preguntarnos:
"¿Cómo puedo con todo?"
Y empezamos a decir:
"Señor, caminemos juntos."
Víctor López
Psicólogo Católico