05/08/2026
“Una historia que todos los padres deberían conocer”
Historia de hospital # 45
Romeo, de 3 años, llegó a la emergencia después de un accidente de tránsito. A simple vista estaba tranquilo, colaborador e interactuando con el entorno. Su mamá me contó que no había presentado ningún cambio neurológico.
Mientras hablábamos, le pregunté:
—¿Romeo iba sentado en una silla de seguridad para niños?
—No, iba sentado en el asiento del carro. Se nos atravesó una moto y, cuando mi esposo frenó, Romeo salió proyectado y se golpeó contra el asiento delantero.
Cuando lo examiné, todo parecía indicar que estaba bien. Sin embargo, al palpar el lado izquierdo de su cabeza noté una pequeña depresión en el hueso. Al tocar esa zona, Romeo lloró.
Le expliqué a su mamá que, aunque clínicamente lucía estable, quería revisar cuidadosamente las imágenes. La radiografía me dejó una duda, así que solicitamos una tomografía.
El resultado confirmó nuestras sospechas.
Romeo tenía una fractura deprimida del hueso parietal izquierdo, una lesión que requería cirugía. Presenté el caso al neurocirujano y fue llevado al quirófano.
Afortunadamente, la cirugía fue un éxito y Romeo tuvo una excelente recuperación.
Esta historia tuvo un final feliz. Pero la verdadera lección es que muchas lesiones graves pueden prevenirse. La silla de seguridad no evita los accidentes; ayuda a evitar que un accidente cambie una vida.