12/08/2026
Reflexión 👉A pesar del peligro de m0rir, sigue consumiendo
Una de las cosas más difíciles para una familia es mirar a alguien continuar consumiendo después de haber estado cerca de la mu3rte. Una sobredosis, un accidente, una hospitalización, una psicosis, una amenaza… y después vuelve a hacerlo. Desde afuera parece incomprensible: “¿Después de lo que viviste todavía quieres consumir?” Pero quizá el problema está precisamente en pensar que en ese momento la persona está eligiendo entre vivir o m0rir. Muchas veces su conflicto interno es otro: sentir o dejar de sentir, soportar o escapar, esperar o conseguir alivio inmediatamente. Y cuando la angustia se vuelve insoportable, el futuro puede perder importancia frente a la urgencia del presente.
¿Entonces el adicto piensa que es inmortal? No necesariamente. Puede saber perfectamente que puede m0rir y aun así comportarse durante ciertos momentos como si esa muerte perteneciera a alguien más. Aparecen pensamientos como: “A mí no me va a pasar”, “yo sé cuánto aguanto”, “esta vez voy a controlar”. Es una manera de apartar psíquicamente una realidad demasiado amenazante. No desconoce intelectualmente la mu3rte; por momentos consigue vivir emocionalmente como si estuviera lejos de ella. Por eso enseñarle fotografías, amenazarlo o repetirle que puede m0rir no siempre modifica el consumo. Probablemente ya lo sabe.
Y hay algo todavía más doloroso. En algunas personas el problema no es que quieran m0rir, sino que han llegado a relacionarse con la vida de una manera tan empobrecida que protegerla deja de tener suficiente peso. La sustancia puede haberse convertido en alivio, compañía, refugio, exc|tación, anestesia o una forma de escapar de sí mismas. Entonces no basta con quitar aquello que las destruye; necesitamos comprender qué encuentran ahí. Porque si retiramos la sustancia, pero dejamos intactos el vacío, la angustia, la impulsividad, los conflictos, la soledad o algún trastorno mental que también pudiera existir, dejamos a la persona frente a aquello de lo que llevaba años huyendo.
Y ahora quiero hablarte a ti, familiar: tu miedo a que mu3ra puede terminar enfermando tu manera de amarlo. Precisamente porque sabes que existe un riesgo real, puedes comenzar a vigilarlo las veinticuatro horas, darle dinero para evitar que se exponga, pagar consecuencias, perseguirlo o convertirte en responsable de mantenerlo vivo. Entiendo de dónde nace esa desesperación, pero acompañar no significa convertirte en su respiración. Ante intoxicación, sobredosis, pérdida de conciencia, dificultad respiratoria, psicosis o riesgo inmediato, se necesita atención de emergencia. Fuera de la emergencia, hacen falta tratamiento profesional, límites claros, red de apoyo y responsabilidades acordes con su edad.
Quizá una de las experiencias más dolorosas para una madre, un padre o una pareja sea aceptar esto: amar profundamente a alguien no te concede el poder de mantenerlo con vida mediante el control. Puedes acercarle tratamiento, acompañarlo, actuar ante una emergencia y dejar de facilitar aquello que sostiene su consumo; pero también necesitas ayuda para ti. Porque mientras él arriesga su vida consumiendo, tú puedes comenzar a perder la tuya intentando impedirlo. La adicción necesita tratamiento; el miedo de la familia también necesita un lugar donde ser escuchado y trabajado.