08/06/2026
En los contextos actuales, la niñez enfrenta múltiples desafíos relacionados con situaciones familiares complejas, violencia, exclusión social, uso excesivo de tecnologías, pobreza, migración, pérdidas afectivas y diagnósticos como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la ansiedad, la depresión infantil y otras formas de sufrimiento emocional. Frente a estas realidades, las prácticas narrativas ofrecen una perspectiva respetuosa que busca comprender a los niños y niñas desde sus capacidades, experiencias y significados, en lugar de reducirlos a una etiqueta o diagnóstico.
Desde este enfoque, el autismo, el TDAH o cualquier otra condición no definen la identidad de un niño o niña. El principio de que "el problema es el problema y el niño es el niño" permite separar a la persona de las dificultades que experimenta. Así, en lugar de hablar de "un niño hiperactivo", "un niño autista problemático" o "un niño desafiante", se exploran las formas en que la Distracción, la Impulsividad, la Ansiedad o el Miedo influyen en su vida, reconociendo al mismo tiempo sus habilidades, sueños, valores y fortalezas. Esta mirada disminuye el estigma y promueve relaciones más respetuosas entre niños, familias, docentes y profesionales.
Las prácticas narrativas también reconocen que los niños siempre están respondiendo a su entorno. Muchas conductas que suelen interpretarse como desobediencia, agresividad, aislamiento o falta de atención pueden ser intentos de adaptación y supervivencia frente a situaciones difíciles. Por ello, el objetivo no es corregir al niño, sino comprender qué está protegiendo, qué necesidades intenta expresar y qué significados tienen sus acciones dentro de su contexto familiar, escolar y comunitario.
Asimismo, este enfoque ayuda a identificar y fortalecer las historias alternativas de la niñez. Frecuentemente, los niños diagnosticados con TEA o TDAH escuchan relatos centrados en sus dificultades: "no puede concentrarse", "no socializa bien", "es muy inquieto". Las prácticas narrativas buscan rescatar historias de perseverancia, creatividad, sensibilidad, justicia, amistad, curiosidad y valentía que también forman parte de su identidad. De esta manera, los niños pueden reconocerse como personas capaces y valiosas, más allá de cualquier diagnóstico.
Otro aspecto fundamental es la reautoría. A través del juego, el arte, los dibujos, los cuentos, las conversaciones y otras formas de expresión infantil, los niños pueden reconstruir las historias que cuentan sobre sí mismos. Esto les permite desarrollar una mayor sensación de agencia personal, reconocer sus propios valores y participar activamente en la construcción de futuros más esperanzadores. El terapeuta, en lugar de asumir el papel de experto que sabe qué debe hacer el niño, adopta una postura de curiosidad genuina para descubrir junto a él sus conocimientos, recursos y aspiraciones.
Finalmente, el principio de la Maravillosidad ocupa un lugar especial en el trabajo con la niñez. En una sociedad que muchas veces enfatiza el rendimiento, los diagnósticos y las dificultades, las prácticas narrativas reconocen la capacidad única de los niños para imaginar, crear, sorprenderse y encontrar esperanza. Esta maravillosa capacidad no es una simple fantasía infantil, sino una poderosa fuente de resistencia y sanación. Al honrar la imaginación, la creatividad y los sueños de los niños y niñas, las prácticas narrativas contribuyen a construir espacios donde puedan sentirse escuchados, dignificados y protagonistas de sus propias historias de vida.