08/07/2026
He aprendido que no todos los días necesito cuidarme de la misma manera. A veces me cuido meditando, escribiendo, orando o haciendo yoga. Otras veces me cuido al permitirme llorar, reír, cantar y bailar con una copa de vino... a veces sola y a veces en compañía.
A veces pensamos que cuidarnos tiene una sola forma.
Que deberíamos de hacerlo siempre igual.
Con los años descubrí que mi cuerpo, mi mente y mi corazón no necesitan lo mismo todos los días.
Hay mañanas en las que me cuido meditando.
Otras escribiendo.
Orando.
Respirando profundo.
Haciendo yoga.
Pero también hay días en los que cuidarme significa llorar todo lo que necesito.
Reír hasta que me duela el estómago.
Cantar mi canción favorita.
Bailar en la sala de mi casa.
Compartir una copa de vino con alguien que quiero…
o disfrutarla en silencio conmigo misma.
He aprendido que el autocuidado no es una rutina perfecta.
Es escucharme con suficiente amor para preguntarme:
”¿Qué necesito hoy?”
Y regalarme exactamente eso, sin culpa.
Porque el amor también cambia de forma.
Y aprender a escucharnos… también es una manera de celebrar la vida.