14/09/2026
Hay espacio.
Cuando la mente queda atrapada en las experiencias, hay muy poco margen para la quietud. El modo habitual en que funcionamos es creyendo que somos las emociones, los pensamientos, las experiencias que nos atraviesan. No es que lo decidamos voluntariamente: “este pensamiento es mío”, “esta emoción es mía”. Por hábito, si lo experimentamos lo tomamos como propio; es algo que ocurre de manera involuntaria. Nos acostumbramos a funcionar de esa manera.
Sin embargo, podemos comenzar a revertir esa tendencia. No es que leamos sobre el desapego y en pocos días seamos personas liberadas; no funciona así. Pero podemos empezar a abrir ese espacio para contemplar las cosas tal como son: “esto es un pensamiento”, “esto es una sensación”, “esto es una emoción”.
Ese reconocimiento interrumpe el comportamiento automático: crea una separación en medio. Ya no soy yo envuelto en el oleaje de experiencias que van y vienen; la consciencia se distancia y comienza a identificar: “ah, esto es un pensamiento, esto se vuelve tendencia, de ahí surgen estas ideas y estos comportamientos”. Lo escribo de forma analítica, pero en la práctica es algo que podemos empezar a observar con bastante naturalidad, porque se trata de contemplar en lugar de aferrarse a lo que nos ocurre como si nuestra vida dependiera de ello.
Así comenzamos a soltar la tendencia de deshacernos de las cosas y las tomamos como objetos de contemplación y desarrollo. Ese espacio para la introspección es un lugar completamente tranquilo, desde el cual podemos habituarnos a explorar lo que nos ocurre. Es una zona segura, y con la práctica puede convertirse en algo natural.