27/07/2026
El herpes labial suele ser una infección leve en adultos, pero en un recién nacido puede convertirse en una emergencia médica. La historia de Breelyn, difundida públicamente por su familia y diferentes medios, relata que la niña habría adquirido el virus del herpes simple tipo 1 después de ser besada por una persona con una lesión labial activa cuando tenía apenas dos días de vida. Posteriormente desarrolló encefalitis herpética y secuelas neurológicas graves. Sin embargo, los porcentajes exactos de daño cerebral que circulan en redes sociales no aparecen documentados en la referencia de la Academia Americana de Pediatría citada, por lo que no deberían presentarse como datos clínicos independientemente verificados.
El HSV-1 se transmite mediante el contacto directo con lesiones o secreciones infectadas. En los recién nacidos, cuyo sistema inmunitario todavía se encuentra en desarrollo, el virus puede extenderse desde la piel, los ojos o la boca hacia el cerebro y otros órganos. La infección puede manifestarse como enfermedad localizada, encefalitis o una infección diseminada potencialmente mortal. Además, algunos bebés gravemente afectados pueden no presentar inicialmente las ampollas características del herpes.
Es importante aclarar que la mayoría de los casos de herpes neonatal se adquieren durante el parto por contacto con el virus presente en el tracto ge***al materno. Aproximadamente una décima parte corresponde a transmisión posterior al nacimiento, que puede producirse cuando un cuidador o visitante con herpes labial besa al bebé o toca su rostro después de haber manipulado una lesión sin lavarse las manos. Por lo tanto, el beso no es la vía más frecuente en términos generales, pero sí constituye un riesgo real y prevenible.
La prevención es sencilla: una persona con herpes labial activo, sensación de hormigueo previa a la lesión o una ampolla reciente no debe besar a un recién nacido. También debe cubrir la lesión, lavarse cuidadosamente las manos antes de tocar al bebé y evitar el contacto de su boca con el rostro, las manos o los objetos que el niño pueda llevarse a la boca. El periodo de mayor vulnerabilidad comprende especialmente las primeras cuatro a seis semanas de vida.
La mayoría de los gestos de cariño no representan un peligro, pero frente a una infección activa la responsabilidad debe imponerse a la costumbre. Proteger a un recién nacido no significa generar miedo al contacto familiar, sino reconocer que una lesión aparentemente pequeña puede contener un virus capaz de producir consecuencias graves en un organismo todavía inmaduro. ¿Debería informarse sobre este riesgo de manera rutinaria a todas las familias antes del alta neonatal?
Fuente científica:
American Academy of Pediatrics. (2021). Neonatal herpes simplex virus infections. En Red Book: Report of the Committee on Infectious Diseases. American Academy of Pediatrics.