26/08/2026
Regreso a clases: cuando el estrés también vuelve a la escuela
El regreso a clases suele presentarse como una etapa de entusiasmo: nuevos útiles escolares, uniformes, compañeros, maestros y la posibilidad de reencontrarse con los amigos. Sin embargo, para algunos niños y adolescentes, volver a la escuela también puede representar una fuente importante de estrés.
Detrás de una mochila nueva puede haber preocupaciones que los adultos no siempre alcanzamos a percibir: miedo a separarse de los padres, preocupación por las exigencias académicas, temor a no encajar con los compañeros, experiencias desagradables del ciclo anterior o simplemente dificultad para adaptarse nuevamente a una rutina.
Por eso, cuando un niño dice que no quiere regresar a la escuela, conviene escuchar antes de asumir que simplemente está siendo "flojo" o que se trata de un berrinche.
El cambio de rutina también genera estrés
Durante las vacaciones, los horarios suelen ser más flexibles. Los niños pueden dormir más, jugar durante períodos prolongados y tener menos obligaciones.
El regreso a clases implica modificar nuevamente esos hábitos: levantarse temprano, cumplir horarios, realizar tareas, permanecer varias horas en la escuela y responder a nuevas responsabilidades.
Aunque estos cambios forman parte de la vida cotidiana, el organismo necesita tiempo para adaptarse. Algunos niños pueden experimentar irritabilidad, cansancio, dificultad para dormir, dolores de cabeza, molestias estomacales o cambios en su estado de ánimo.
No necesariamente significa que exista un problema psicológico. En muchos casos se trata de una respuesta temporal ante un cambio importante en la rutina.
Cuando los gastos escolares también generan tensión
El regreso a clases también tiene una dimensión económica.
Libros, uniformes, zapatos, mochilas, materiales, cuotas y otros gastos pueden representar una presión considerable para las familias. Los niños quizá no conozcan todos los detalles de la situación económica familiar, pero pueden percibir la preocupación de sus padres.
Las conversaciones constantes sobre dinero, discusiones relacionadas con los gastos o comentarios como "no podemos comprar eso" pueden generar preocupación en los pequeños.
Incluso pueden aparecer sentimientos de culpa cuando un niño percibe que sus padres están haciendo un esfuerzo económico importante para cubrir sus necesidades escolares.
Por esta razón, es recomendable evitar convertir a los hijos en espectadores de las preocupaciones económicas de los adultos. Esto no significa ocultarles la realidad, sino comunicarla de acuerdo con su edad y evitar transmitirles responsabilidades que no les corresponden.
Un niño necesita saber que los problemas económicos de la familia deben ser resueltos por los adultos y que no es su responsabilidad solucionarlos.
"No quiero ir a la escuela": cuando aparece el miedo
Uno de los aspectos que más atención merece es el miedo a regresar a la escuela.
Un niño puede sentir temor por diferentes razones. Quizá le preocupa separarse de sus padres, reencontrarse con un compañero que lo molesta, enfrentarse nuevamente a dificultades académicas, hablar frente al grupo, cometer errores o sentirse rechazado.
En algunos casos, el miedo puede estar relacionado con experiencias de acoso escolar, conflictos con compañeros o profesores, dificultades de aprendizaje o situaciones que el adulto desconoce.
Por eso, responder inmediatamente con frases como "no tienes nada que temer" o "todos los niños van a la escuela" puede cerrar la comunicación.
Es más útil preguntar con tranquilidad:
"¿Qué es lo que más te preocupa de regresar?"
La respuesta puede revelar mucho más de lo que inicialmente imaginamos.