29/07/2026
Las historias que moldean el futuro de las mujeres.
Las historias que una sociedad cuenta sobre las mujeres nunca son inocentes. Algunas amplían posibilidades; otras las reducen. Algunas abren caminos; otras presentan un único modo de ser mujer como si fuera el natural, el correcto o el deseable.
Hace unas semanas circuló un reportaje sobre el movimiento tradwife (esposa tradicional) en Estados Unidos. Al leerlo fue inevitable pensar en "El cuento de la criada", una historia de ficción en la que un régimen totalitario despoja a las mujeres de sus derechos y convierte a aquellas que pueden tener hijos en un recurso para sostener un poder político y religioso.
Vale la pena preguntarse qué sucede cuando ciertos discursos comienzan a normalizarse, cuando la autonomía de las mujeres empieza a cuestionarse en nombre de la tradición, la moral o la religión, o cuando los roles de género vuelven a presentarse como destinos y no como elecciones.
En distintos países, incluidos algunos de América Latina, es posible observar el fortalecimiento de proyectos políticos y culturales de corte ultraconservador. En ese contexto, conviene preguntarse qué lugar ocupan las narrativas que idealizan la obediencia, la subordinación y el regreso a los roles tradicionales de género. La reflexión no busca cuestionar a las mujeres que libremente deciden dedicarse al hogar. La pregunta es otra: ¿qué ocurre cuando esa elección comienza a promoverse como el modelo deseable para todas?, ¿qué efectos tiene cuando determinadas narrativas terminan respaldando proyectos que buscan restringir derechos o reducir las posibilidades de participación y autonomía de las mujeres?
Desde las prácticas narrativas, interesa mirar cómo las historias que circulan en una cultura influyen en la manera en que las personas entienden su identidad, sus relaciones y aquello que consideran posible para sus vidas. Ninguna narrativa es neutral; todas favorecen determinadas formas de comprender el mundo y de distribuir el poder.
Quizá por eso vale la pena seguir haciéndose algunas preguntas:
¿A qué intereses políticos y culturales sirven los discursos que buscan reinstalar un único modelo de feminidad?
¿Quién se beneficia cuando la autonomía de las mujeres comienza a verse como un problema y no como un derecho?
¿Qué tipo de sociedad se construye cuando la obediencia se valora más que la autonomía?
¿Qué ocurre con la democracia cuando ciertos derechos empiezan a presentarse como amenazas en lugar de conquistas?
No se trata de afirmar que la realidad sea igual a la ficción. Se trata de reconocer que las libertades rara vez se pierden de un día para otro. Comienzan a erosionarse cuando ciertas ideas dejan de parecernos preocupantes y empiezan a parecernos normales.
Las historias que una sociedad decide legitimar también contribuyen a construir el mundo que será posible para las siguientes generaciones. Por eso vale la pena preguntarse no solo qué historias contamos sobre las mujeres, sino también qué futuro ayudan a hacer imaginable.
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