19/09/2026
Nos han enseñado a pensar que estar bien significa sentirnos bien.
Que la tristeza hay que quitarla.
Que el miedo hay que vencerlo.
Que el enojo hay que controlarlo.
Que la culpa hay que olvidarla.
Y cuando una emoción resulta incómoda, muchas veces nuestra primera pregunta es:
“¿Cómo hago para que desaparezca?”
Pero las emociones cumplen una función.
Nos ayudan a reconocer lo que ocurre dentro de nosotrxs y también lo que ocurre en nuestra relación con el mundo.
El miedo puede alertarnos.
La tristeza puede acompañar un proceso de pérdida.
La ira puede señalar que un límite ha sido cruzado.
La culpa puede invitarnos a revisar algo que hicimos.
Eso no significa que todas nuestras emociones tengan razón, ni que debamos actuar desde ellas.
Significa que podemos escucharlas.
Preguntarnos qué las provocó.
Qué necesitan.
O qué nos están mostrando.
Porque evitar una emoción puede hacer que deje de incomodarnos por un momento…
pero escucharla puede ayudarnos a comprender qué está pasando y qué necesitamos hacer con ello.
Quizá estar bien no significa sentirnos bien todo el tiempo.
Quizá también significa poder atravesar lo que sentimos sin tener que luchar constantemente contra ello.