19/11/2025
La luz tocó mi alma
Hoy, después de tanto tiempo, empiezo a sentirme diferente. Miro mis manos y descubro que esta vez están limpias. No solo se han limpiado de suciedad, sino que se han liberado de culpas, de cargas que no me correspondían, de tristezas, de dolor, de miedos… de ese sufrimiento constante que me mantenía en oscuridad.
Puedo sentir cómo la silueta de mi boca vuelve a levantarse en una sonrisa. Y esa sonrisa nace de un lugar profundo: la esperanza real de una vida plena.
Noto cómo mi cuerpo se erige con firmeza y confianza, ganando una altura que no está en los centímetros, sino en el valor. Porque hoy ya no me avergüenzo de quién soy; hoy no bajo el rostro ante quienes un día señalaron que no llegaría a nada. Hoy puedo mirarlos —y mirarme— con la certeza de que soy capaz de enfrentar la vida y reescribir mi propia historia.
Me miro en el espejo y noto que mis ojos ya no reflejan esa tristeza profunda que antes cargaba. Ya no brillan con depresión ni vacío: ahora llevan una luz que solo Dios puede dar. Una luz de confianza, de esperanza, de amor y de paz… esa paz que tanto busqué y que por fin me alcanzó.
He levantado mi rostro porque finalmente aprendí la madurez necesaria para hacerme responsable de aquello que durante años me aterraba. Hoy me siento preparado para ser padre, para ser hijo, para ser hermano… pero, sobre todo, para ser yo. Para disfrutarme, amarme y caminar hacia una vida plena, útil y feliz.
Durante mucho tiempo le pedí a Dios la oportunidad de un cambio: ser diferente, volver a sentirme vivo. Y hoy tengo la certeza de que mis oraciones —y las de mi madre— fueron escuchadas. Las cosas no se dieron como yo esperaba, sino como Dios quiso. Y Su voluntad ha sido hermosa y perfecta. Él usa personas, circunstancias, procesos y lugares —como esta rehabilitación— para guiarnos de regreso a Su luz.
Hoy, después de meses en este camino, me siento feliz, tranquilo y profundamente agradecido con mi familia y con Dios. Porque mi vida limpia es la mejor manera de ser agradecido con quienes me extendieron la mano; mi sobriedad es la forma más pura de honrar a quienes ya no están; y mi amor es el mayor regalo que puedo dar a quienes se quedaron.
No me queda más que decir: Dios es bueno. Grande es Su misericordia, y perfecta Su voluntad.
Porque a través de este proceso… la luz tocó mi alma.
LUZ DE ROBLE A.C ✨🍃🫂