17/01/2026
Mi viaje por el sudeste asiático comenzó una vez más en la India. Un lugar al que he ido varias veces, casi siempre convencida de que sería la última… hasta que aparece esa nostalgia inexplicable por su misticismo, su cultura viva, su forma de recordarme lo esencial. Y entonces regreso.... siempre regreso.
Cada viaje ha marcado una evolución en mi práctica espiritual. Esta vez los encuentros parecían sacados de los grandes relatos místicos que narran las experiencias transformadoras en la India: momentos de claridad profunda, enseñanzas silenciosas, comprensiones que no llegan desde la mente sino desde la experiencia directa. La ciencia del yoga, la meditación y la búsqueda de la unión con lo divino aquí tiene otra profundidad.
Cada uno de mis viajes en esta tierra ha sido una iniciación. Esta vez la compartí con un grupo de amigos de distintas partes del mundo, unidos por una misma pasión: la astrología védica. Nos reunimos cada dos años para la conferencia y gracias a ellos existen varias de estas fotos. Curiosamente cada vez que vuelvo a la India tomo menos imágenes y vivo más el instante, guardando en el corazón lo que no necesita ser capturado. Algunas fotos no explican mucho a simple vista, pero para mi llevan dentro el eco de algo profundamente transformador.
La India me sigue regalando algo nuevo cada vez: una profundidad distinta en mi práctica espiritual, una conexión más íntima con lo divino y al mismo tiempo conmigo misma. Me encuentra distinta en cada regreso y yo también la miro desde otro lugar. Quizá por eso sigo volviendo: porque aquí la práctica no termina cuando el viaje acaba.