23/01/2026
🔥 "Ojalá me muriera para descansar un rato", dije en voz alta después de un día de perros. No sabía que la Muerte estaba en la sala tomando nota.
Yo era el rey de la queja. Llegaba a casa pateando la puerta. Mi esposa me servía de cenar y yo: "¿Otra vez lo mismo?". Mi hija de 5 años quería enseñarme un dibujo y yo: "Quítate, estoy agotado". Mi viejo llamaba para saludar y yo: "Luego te marco, papá, estoy ocupado".
Mi mantra diario era: "Estoy harto de cargar con todo, necesito paz".
Esa noche, sentí un frío que no era del aire acondicionado. Una sombra se sentó a la orilla de mi cama. No tenía guadaña, parecía un contador con una tablet en la mano.
— "Concedido", me dijo con voz seca. "Llevas años pidiendo descanso. Aquí está tu renuncia a la vida. Ya te di de baja".
Empecé a temblar. El corazón se me quería salir. — "Espérate… ¿Qué pasa con mis cosas? ¿Con mi gente?"
La sombra revisó la pantalla y empezó a leer con indiferencia:
— "En la oficina ya pusieron al becario. Cobra la mitad que tú y llega sonriendo. Tu jefe está encantado". — "Tu esposa… ah, ella. Ya conoció a alguien. Un tipo simple que le dice 'gracias, mi amor' cuando le sirve la cena. Se ven felices". — "Tu hija ya no pregunta por ti. Su nuevo 'papá' sí se tira al piso a jugar aunque venga cansado. Dice que es el mejor momento de su día". — "El único que te llora es tu viejo. Dice que se quedó esperando la llamada que le negaste ayer".
Sentí que me subían a una plancha fría. Vi cómo me llevaban, así, como carga mu**ta, como un mueble viejo en una mudanza, sin que nadie volteara a verme.
Grité. Grité que quería besar a mi hija con su aliento a leche. Que quería tragarme esa cena repetida y dar las gracias. Que quería abrazar a mi viejo una vez más. ¡NO QUIERO DESCANSAR! ¡QUIERO VIVIR!
Desperté bañado en sudor, gritando "¡NO!".
Era la madrugada. Corrí al cuarto de mi hija solo para verla respirar. Abracé a mi esposa dormida hasta que se quejó.
Entendí la lección a la mala, la que solo entienden los que ven el final de cerca:
La vida pesa, sí. Pero pesa porque está llena. La verdadera carga no es el trabajo ni la rutina… la verdadera carga es tu actitud de mi**da ante el regalo que es despertar.
Hoy no me quejo. Hoy agradezco que tengo a quién cansarme de abrazar.
👇 Si hoy fuera tu último día, ¿de qué te arrepentirías de haberte quejado tanto?