21/02/2026
Para Sigmund Freud, el masoquismo no significa simplemente “disfrutar el dolor”
Es un fenómeno profundo que tiene que ver con cómo funcionan nuestras pulsiones, la culpa y la forma en que se organiza el aparato psíquico.
En Más allá del principio del placer (1920), Freud introduce la idea de la pulsión de muerte, y más adelante, en El problema económico del masoquismo (1924), desarrolla los distintos tipos de masoquismo.
*Masoquismo erógeno (primario)*
Es la base de los demás:
Freud plantea que desde el inicio la pulsión de vida (Eros) y la pulsión de muerte están mezcladas. Parte de la agresividad que podría dirigirse hacia afuera se vuelve contra el propio sujeto.
Aquí el dolor puede ligarse al placer porque queda unido a la excitación. No es que el dolor sea “agradable” en sí mismo, sino que la energía pulsional encuentra satisfacción incluso cuando incluye una cuota de sufrimiento.
*Masoquismo femenino:
No se refiere literalmente a la mujer, sino a una posición psíquica.
Implica fantasías de ser dominado, sometido o castigado. Se relaciona con la pasividad como forma de satisfacción y con ciertas configuraciones inconscientes ligadas al deseo y al conflicto edípico.
Es una forma donde el padecimiento aparece dentro de una escena fantaseada que tiene sentido en relación con el otro.
*Masoquismo moral:
Aquí el sufrimiento ya no es necesariamente corporal ni sexual.
Se manifiesta en la repetición de fracasos, elecciones que conducen a la pérdida, relaciones donde el sujeto termina humillado o situaciones que generan culpa constante.
Freud lo vincula con un superyó muy severo, que exige castigo. El sujeto, sin saberlo, busca situaciones dolorosas para aliviar una culpa inconsciente.
¿Por qué el placer puede tornarse doloroso?
Freud rompe con la idea de que el psiquismo solo busca placer y evita el dolor.
Desde el punto de vista pulsional:
No todo en nosotros busca bienestar.
Existe una tendencia a la repetición, incluso de experiencias dolorosas.
Cuando la agresión se vuelve contra uno mismo y se mezcla con la libido, el dolor puede quedar unido a la satisfacción.
El masoquismo muestra algo fundamental: el aparato psíquico no busca simplemente sentirse bien, sino satisfacer sus pulsiones, aunque eso implique sufrimiento. Para Sigmund Freud, el masoquismo no significa simplemente “disfrutar el dolor”
Es un fenómeno profundo que tiene que ver con cómo funcionan nuestras pulsiones, la culpa y la forma en que se organiza el aparato psíquico.
En Más allá del principio del placer Freud introduce la idea de la pulsión de muerte, y más adelante, en El problema económico del masoquismo, desarrolla los distintos tipos de masoquismo.
*Masoquismo erógeno (primario)*
Es la base de los demás:
Freud plantea que desde el inicio la pulsión de vida (Eros) y la pulsión de muerte están mezcladas. Parte de la agresividad que podría dirigirse hacia afuera se vuelve contra el propio sujeto.
Aquí el dolor puede ligarse al placer porque queda unido a la excitación. No es que el dolor sea “agradable” en sí mismo, sino que la energía pulsional encuentra satisfacción incluso cuando incluye una cuota de sufrimiento.
Masoquismo femenino:
No se refiere literalmente a la mujer, sino a una posición psíquica.
Implica fantasías de ser dominado, sometido o castigado. Se relaciona con la pasividad como forma de satisfacción y con ciertas configuraciones inconscientes ligadas al deseo y al conflicto edípico.
Es una forma donde el padecimiento aparece dentro de una escena fantaseada que tiene sentido en relación con el otro.
Masoquismo moral:
Aquí el sufrimiento ya no es necesariamente corporal ni sexual.
Se manifiesta en la repetición de fracasos, elecciones que conducen a la pérdida, relaciones donde el sujeto termina humillado o situaciones que generan culpa constante.
Freud lo vincula con un superyó muy severo, que exige castigo. El sujeto, sin saberlo, busca situaciones dolorosas para aliviar una culpa inconsciente.
¿Por qué el placer puede tornarse doloroso?
Freud rompe con la idea de que el psiquismo solo busca placer y evita el dolor.
Desde el punto de vista pulsional:
No todo en nosotros busca bienestar.
Existe una tendencia a la repetición, incluso de experiencias dolorosas.
Cuando la agresión se vuelve contra uno mismo y se mezcla con la libido, el dolor puede quedar unido a la satisfacción.
El masoquismo muestra algo fundamental: el aparato psíquico no busca simplemente sentirse bien, sino satisfacer sus pulsiones, aunque eso implique sufrimiento.