20/05/2026
En sesión hay tantos momentos que no se capturan en fotos, tampoco en videos… se guardan en la memoria.
El día que me preguntaron por qué quería estudiar psicología, probablemente no habría dado la misma respuesta que hoy.
Con el tiempo entendí que acompañar a las personas a mirar su dolor desde un lugar humano transforma también a quien acompaña.
La conexión que se forma en sesión puede ser tan genuina y profunda, que hay personas que llegan a lugares de mi vida donde nunca imaginé coincidir… y aún así dejan huella.
Hace días veía un post que hablaba sobre lo extraño que es ser psicólogo: conocer tanto a alguien y, aun así, no poder formar parte de su vida fuera del consultorio.
A veces termino sintiendo enojo por quien te lastimó.
Veo algo que me recuerda a ti y no puedo escribirte.
Y entonces me pregunto:
¿Cómo puede coexistir la alegría de ver a alguien avanzar y, al mismo tiempo, la tristeza de saber que probablemente ya no volveré a verlo?
¿Cómo es posible programar el llanto por cinco minutos para después continuar con otra consulta?
Exacto… los psicólogos también somos humanos.
Toda la preparación, las supervisiones de caso, el estudio constante y el trabajo personal tienen un propósito: acompañar mejor tus procesos.
Pero, sobre todo, no perder nunca la parte humana.
Hoy quiero decirte, querido consultante:
gracias por confiar en mi trabajo, por permitirme acompañarte y por abrir partes de ti que quizá nunca habías mostrado a nadie más. 🫂