22/07/2026
Lee la Reflexión 👉 Muchos codependientes no quieren que su familiar deje de consumir
Sé que esta afirmación puede incomodar. Incluso puede parecer injusta. Ninguna madre, ningún padre ni ninguna pareja diría conscientemente: "Quiero que siga consumiendo." Al contrario, pasan años buscando tratamientos, internamientos y haciendo todo lo posible para que deje la sustancia. Pero cuando observamos la dinámica con detenimiento, aparece una contradicción difícil de ignorar: muchas de las conductas que realizan terminan sosteniendo la enfermedad. Pagan las deudas, justifican las mentiras, resuelven los problemas, amortiguan las consecuencias y evitan que el adicto se encuentre con la realidad de sus actos. Sin saberlo, el mensaje que transmiten es: "Yo me haré cargo de las consecuencias; tú puedes seguir ocupando el mismo lugar."
Pero hay algo todavía más profundo. Cuando algunas personas con adicción logran mantenerse en abstinencia y comienzan un verdadero proceso terapéutico, empiezan a cambiar la manera en que se relacionan con su familia. Aprenden a decir "no", ponen límites, dejan de pedir permiso para todo, buscan independencia y empiezan a tomar decisiones propias. Y es ahí donde, en ocasiones, el codependiente experimenta un dolor inesperado. Se siente desplazado, innecesario, rechazado. Aquella persona que durante años necesitó ser rescatada ahora ya no ocupa el mismo lugar. Sin darse cuenta, aparece un conflicto inconsciente: si el otro deja de necesitarme, ¿quién soy yo?
Por eso, algunas familias viven más tranquilas cuando el adicto está enfermo que cuando empieza a recuperarse. No porque disfruten el sufrimiento, sino porque la enfermedad les daba un lugar, una identidad y un sentido. La adicción organizaba la vida familiar. Había alguien a quien cuidar, alguien por quien preocuparse y alguien que justificaba el abandono de la propia vida. Cuando esa estructura comienza a desaparecer, también aparece el miedo a quedarse frente a uno mismo. En ocasiones, resulta más fácil seguir cuidando un problema ajeno que enfrentar el vacío que quedó cuando toda la identidad giró alrededor de salvar a otro.
Esta reflexión no pretende señalar culpables. Pretende hacer visible una realidad que muchas veces permanece oculta. Hay vínculos donde la recuperación del adicto también obliga al codependiente a renunciar al papel que ocupó durante años. Y esa renuncia puede ser tan difícil como dejar una sustancia. Porque, al final, no sólo se trata de que uno deje de consumir dr**as; también se trata de que el otro deje de consumir la necesidad de ser indispensable.
Si esta reflexión te confrontó, quizá sea momento de mirar tu historia con mayor profundidad. Existen dinámicas inconscientes, para comprender por qué, aun con las mejores intenciones, a veces terminamos sosteniendo aquello que más deseamos cambiar.
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Autor: Psicólogo en adicciones