10/04/2026
Fue largo.
Más de 30 horas en fase latente.
Olas irregulares… intensas.
Al inicio, soportables.
Después, nos fueron llevando poco a poco
a una zona desconocida.
(cada parto tiene la suya)
Hubo rezos.
Lágrimas.
Enojo.
Cansancio.
Pero también risas.
Baile.
Disfrute.
Chocolate.
Ruda.
Rebozo.
Pelota.
Masaje.
Aceites.
Miedos…
más rezos…
más risas.
Cada contracción
nos acercaba a algo más grande.
A la divinidad del cuerpo.
A ese lugar donde la mente ya no manda.
Porque incluso la crisis más intensa…
es la que nos lleva
a nuestra mejor versión.
Hubo momentos donde parecía que nada avanzaba.
Pero el cuerpo no estaba detenido.
Estaba trabajando.
profundo. constante. silencioso.
Acompañamos sin prisa.
Sostuvimos sin invadir.
Porque no todo lo que es lento está mal.
A veces…
lo lento es lo correcto.
Y entonces…
el umbral.
Aro de fuego.
Intenso.
Expulsión en cuclillas.
Papá recibiendo.
1 circular al cuello.
Cordón corto.
3090 g de vida.
Desgarro de 1er grado.
Sin sutura.
Y todo… en su lugar.
Incluso esos pequeños detalles
que parecen insignificantes…
también sostienen el nacimiento.
Nada sobra.
Nada es casual.
Todo sostiene.
No era lento.
Era fisiológico.
Gracias, divinidad,
por el hermoso regalo de la vida.