07/12/2025
Hace unos días recibí un comentario de una profesional sobre la condición de mi hija que me dejó pensando.
Me preocupa cómo, a veces, se dice con mucha ligereza que “se le va a pasar”, “no tiene nada” o “no se le nota”, sin realmente detenerse a observar más allá de lo superficial.
Mi hija, como muchos niños con autismo, hace algo que puede pasar totalmente desapercibido: enmascara.
En la escuela, en la calle, en los entrenamientos… ella sonríe, convive, juega, parece “tranquila”, no muestra lo que muchos esperan como “señales evidentes”. Y desde afuera se podría pensar que no hay ningún reto detrás.
Pero la realidad es otra.
Ese “verse bien” le cuesta muchísimo.
Y ese esfuerzo tiene un precio enorme: cuando llega a casa, se desborda.
Llora, se frustra, y necesita horas para recuperarse. Porque, aunque no todo el mundo lo entienda, para algunos niños ser ellos mismos solo es posible en casa, con la persona que consideran su lugar seguro.
Por eso estamos retomando planes y ajustes para ayudarla, para que no sienta la necesidad de actuar “como una niña neurotípica” ni llevar ese peso encima.
Mi hija no tiene que ser perfecta para encajar.
Tiene derecho a ser ella.
Sé que no todos han convivido con un niño neurodivergente, y está bien no saberlo todo.
Pero lo que sí es importante es no minimizar, no juzgar y no invalidar.
El enmascaramiento no es una etapa, ni un capricho, ni algo que “se quita”.
Es una estrategia de supervivencia emocional que puede desgastar muchísimo si no se acompaña.
Ojalá que este mensaje ayude a dar un poquito más de visibilidad.
Porque detrás de cada niño que “se porta perfecto”, puede haber un mundo de esfuerzo que casi nadie ve.
Y detrás de ese mundo, siempre hay una mamá tratando de que su niño se sienta lo suficientemente seguro para no tener que esconderse.
Me gustaría enseñar más sobre este tema, a detalle, porque creo que es algo importante de aprender🙏🏻