08/09/2026
Yo también aprendí a hacerme chiquita para que me quisieran.
No de golpe.
Una no se levanta un martes y dice:
“Hoy voy a dejar de ser yo para que este ca**ón no se vaya.”
JAJAJA.
Ojalá fuera tan obvio.
Empieza con pendejaditas.
Te callas algo que sabes para no hacerlo sentir mal.
Dices que no te importa que no te acompañe.
Dejas de contarle ciertas cosas porque ya sabes la cara que va a poner.
Te vistes diferente.
Te ríes más bajito.
Celebras sus logros con bombo y platillo...
y los tuyos los cuentas como si hubieran sido suerte.
Hasta que un día te das cuenta de que llevas años entrando de ladito a tu propia vida.
Yo lo hice.
Y lo más ca**ón es que no siempre tuve enfrente a un hombre diciéndome:
“Hazte menos.”
A veces bastaba con sentir que una parte de mí incomodaba.
Y yo solita agarraba las tijeras.
Cortaba aquí.
Escondía allá.
Bajaba tantito la voz.
Pedía menos.
Deseaba menos.
Con tal de caber.
Porque a muchas nos enseñaron a tenerle más miedo a quedarnos solas que a desaparecer poquito a poquito dentro de una relación.
Hasta que entendí algo que ya no pude desentender:
si para conservar un amor tengo que arrancarme pedazos...
entonces no me está conservando a mí.
Y sí, después conocí otra manera de amar.
Una donde puedo llegar con toda mi pi**he humanidad.
Con lo que sé y con lo que no.
Con mi carácter.
Con mis ideas.
Con mi trabajo.
Con mis ganas.
Con mis días insoportables.
Con mis sueños aunque no tengan nada que ver con los suyos.
Y él también puede llegar entero.
Porque tampoco quiero un hombre agachado a mi lado para demostrar que yo soy muy chingona.
No quiero ganarle.
No quiero que me gane.
Quiero poder admirarlo sin hacerme menos.
Y quiero que pueda admirarme sin sentir que eso lo hace menos hombre.
Eso cambió muchas cosas para mí.
Entendí que una pareja no tendría que ser dos personas viendo quién ocupa más espacio.
Tendría que haber lugar para los dos.
Y si un día la vida que construimos nos queda chica...
pues tiramos una p**a pared.
Pero yo ya no vuelvo a vivir agachada.