17/04/2026
Las tres preguntas de León Tolstói
Había una vez un rey que pensó que, si siempre supiera tres cosas, nunca fracasaría en nada. Estas tres cosas eran:
1. ¿Cuál es el momento más adecuado para hacer cada cosa?
2. ¿Quiénes son las personas más importantes con quienes debe tratar?
3. ¿Cuál es la acción más importante que debe realizar?
El rey anunció por todo su reino que daría una gran recompensa a quien pudiera responder correctamente estas tres preguntas.
Muchos sabios acudieron al palacio, pero sus respuestas eran diferentes. Algunos decían que el momento más importante debía calcularse con calendarios y horarios; otros, que era imposible preverlo y que había que estar atento a todo. Respecto a las personas más importantes, unos decían que eran los consejeros, otros los sacerdotes, otros los médicos o los guerreros. En cuanto a la acción más importante, unos afirmaban que era la ciencia, otros la guerra y otros el culto religioso.
El rey no quedó satisfecho con ninguna respuesta.
Entonces decidió visitar a un ermitaño famoso por su sabiduría, que vivía en el bosque. El ermitaño solo recibía a gente común, así que el rey se vistió con ropa sencilla y, dejando a sus guardias a distancia, se acercó solo a la choza.
Cuando llegó, encontró al ermitaño cavando la tierra frente a su casa. Era un anciano débil, que respiraba con dificultad. El rey se acercó y le expuso sus tres preguntas, pero el ermitaño no respondió. Continuó cavando.
El rey, viendo su cansancio, le dijo: Déjame ayudarte.
Tomó la pala y comenzó a cavar en su lugar. Pasó el tiempo, y cuando el rey volvió a insistir en sus preguntas, el ermitaño no contestó. Solo le pidió seguir cavando.
Al caer la tarde, el rey dejó la pala y dijo: He venido en busca de respuestas, y si no puedes dármelas, dime para regresar a casa.
En ese momento, el ermitaño señaló hacia el bosque. De entre los árboles salió corriendo un hombre con el abdomen herido, sangrando abundantemente. El rey y el ermitaño lo atendieron: le limpiaron la herida, la vendaron y lo llevaron a la choza. El hombre, exhausto, se quedó dormido.
El rey también, rendido, se durmió en el umbral.
A la mañana siguiente, el herido despertó y, al ver al rey, dijo: —Perdóname.
El rey no entendía. —¿Por qué he de perdonarte?
El hombre respondió: —No me conoces, pero yo sí a ti. Juré vengarme porque ejecutaste a mi hermano y confiscaste nuestras tierras. Sabía que vendrías a ver al ermitaño y planeé matarte en el camino de regreso. Pero tus guardias me encontraron y me hirieron. Si no hubieras cuidado de mí, habría mu**to. Ahora me arrepiento. Si vivo, te serviré fielmente.
El rey, sorprendido, lo perdonó y prometió devolverle sus tierras.
Luego se dirigió al ermitaño: —Por última vez te ruego que respondas mis preguntas.
El ermitaño respondió:
Ya han sido respondidas.
El rey, confundido, pidió explicación.
El ermitaño dijo: Si no hubieras tenido compasión de mi debilidad y no hubieras cavado por mí, habrías regresado y ese hombre te habría matado. Por lo tanto, el momento más importante fue cuando estabas cavando, y yo era la persona más importante, y la acción más importante fue ayudarme.
Después, cuando llegó el hombre herido, ese fue el momento más importante, él era la persona más importante, y la acción más importante fue curarlo.
Y concluyó: Recuerda esto:
El momento más importante es siempre el presente, porque es el único que tienes.
La persona más importante es quien está contigo en ese momento, porque nadie sabe si tratará con alguien más después.
Y la acción más importante es hacer el bien a esa persona, porque para eso estás en la vida.