28/09/2025
En diciembre de 1960, Howard Dully, de doce años, sufrió uno de los procedimientos médicos más controvertidos del siglo XX: la lobotomía transorbital. Su madrastra creía que sufría de esquizofrenia, aunque algunos otros estuvieron de acuerdo. El Dr. Walter Freeman—conocido como el "padre de la lobotomía"— llevó a cabo la cirugía, con el consentimiento del padre de Howard.
El 16 de diciembre, Howard fue sedado con electroshock. Entonces, usando una herramienta afilada llamada orbitoclasta, Freeman entró a través de cada cuenca del ojo, rompiendo en el cerebro del chico y "remolino" el instrumento para cortar conexiones en los lóbulos frontales. Howard se despertó a la mañana siguiente desorientado, con fiebre y magullado. "Yo era como un zombi", recordó más tarde, sin recordar el procedimiento que acababa de alterar su vida.
Aunque sobrevivió, la infancia de Howard se hizo añicos. Fue retirado de su familia, pasó años en instituciones, hogares grupales, e incluso cárceles. Luchó contra el alcoholismo, la falta de hogar y la desesperación.
Décadas después, en sus 50 años, Howard encontró la fuerza para confrontar su pasado. Con el productor de NPR David Isay, accedió a las notas archivo del Dr. Freeman y compartió su historia con el mundo. En 2007, publicó My Lobotomy, una memorias que se convirtió en un testamento desgarrador de la resistencia humana.
Howard finalmente construyó una vida estable como conductor de autobús, marido y padre. Pero la pregunta que le persiguió permaneció: ¿por qué mi padre permitió que esto me pasara a mí?