08/07/2026
“Después del primer año ya no sirve la leche materna.”
Es una de las frases que más escucho... y una de las más equivocadas.
Esta madre quedó atrapada entre los escombros de un terremoto junto a sus tres hijos.
Sin alimentos.
Sin acceso a agua.
Sin saber cuándo serían rescatados.
En esas condiciones extremas ocurrió algo extraordinario.
Siguió amamantando a su bebé.
Y esa leche materna no solo alimentó al más pequeño.
También fue el alimento que permitió mantener con vida a sus tres hijos hasta que fueron rescatados.
Esta historia nos recuerda la increíble capacidad del cuerpo materno.
Muchas personas creen que si una mamá no come o no toma agua durante unas horas o incluso algunos días,
“la leche se seca”.
Pero la fisiología nos dice otra cosa.
La producción de leche no depende únicamente de lo que una madre coma o beba en ese momento. El principal estímulo para producir leche es la succión.
Cada vez que un bebé mama, envía una señal al cerebro de su mamá para liberar las hormonas que producen y expulsan la leche.
El cuerpo materno está diseñado para proteger la lactancia. Incluso en situaciones extremas, prioriza la producción de leche para alimentar a su hijo. Aunque una desnutrición severa y prolongada puede disminuir la producción, la leche no desaparece de un momento a otro.
Por eso la lactancia después del primer año sigue teniendo un enorme valor.
No es “agua”.
No es “solo consuelo”.
No es “costumbre”.
Es un alimento vivo, que aporta nutrientes, hidratación, defensas у protección.
Y esta historia nos recuerda algo más...
Nunca sabemos cuándo una decisión que muchos critican, como continuar amamantando, puede convertirse en la diferencia entre la vida y la muerte.
La lactancia materna no tiene fecha de caducidad.
La naturaleza la diseñó para proteger a nuestros hijos, incluso en las circunstancias más difíciles.
La imagen fue tomada de internet, me aseguré de que la noticia fuera real y esto sucedió en el terremoto de
Venezuela.