16/07/2024
Un Estado más despenaliza el ab**to. La sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación aprobada por unanimidad en septiembre del 2021 implicó que ninguna mujer o persona con capacidad gestante podrá ser penalizada por interrumpir un embarazo de manera voluntaria.
“Persona con capacidad gestante” ¿qué aberración es esa? ¿además de la mujer hay otra persona con capacidad de gestar, de embarazarse? En el mundo animal, además de la hembra ¿hay otro “animale” con esa capacidad?
La corrección política a la que esto mal llamado progresismo nos está llevando es alarmante. Hoy hay quien prefiere un animal que un niño. La humanización de los animales, yo soy en lo personal un protector y amante de los animales, pero nunca un humanizador. Una mascota es una mascota y punto, jamás podrá ocupar el lugar de un niño. Como esas personas que ahora se han inventado el término “perrhijo, gathijo” no sé si así se escriba tal estupidez, pero igual no me importa.
Entonces hoy por decreto, por votación, por sentencia, porque a esos imbéciles pervertidos que se someten a la política y que por una curul venderían hasta a su madre, ya no es delito matar a un humano ´in útero´ aún. Por complacer a las aborteras que generan votos, mueven segregados, vandalizan, y al canto de “libertad” exigen derechos, dejan de lado lo que es, e insisto: lo políticamente correcto y la moral, la ética, están definitivamente muy apartadas.
Bajo la arenga de “mi cuerpo, mi decisión” apoyan su mal habida lucha. Un ser que se está gestando no es su cuerpo, por una simple cuestión: lleva la mitad del ADN de su padre. Entonces ¿también un hombre tendría el derecho a pedir que la madre de su hijo abortara o a oponerse a ello? De ser así, las jodidas autoridades, ¿harían algo para escuchar la voz de los papás? La respuesta es simple y llana: -no-.
Ya que toqué el punto de “mi cuerpo, mi decisión” haré memoria de un acalorado programa de radio en el que compartí la mesa con un homosexual, un travestido y una persona normal, bueno en ese programa el imberbe hombre vestido de mujer y que se hacía llamar “mujer trans” dijo que quería ser la primer mujer trans en embarazarse para luego abortar, a lo que yo reventé de risa y sí, le salió lo hombre y quiso romperme la cara pero no, mejor se fue del programa el pobre. Yo como hombre tengo un cuerpo y ciertamente decido sobre ello, si decido fumar o curar una dolencia o no. La ciencia ha avanzado mucho, si una mujer no quiere tener hijos, es simple: tenga cuidado. Puede vivir y experimentar su sexualidad sin ningún riesgo de embarazo: hay inhibidores hormonales, hay cirugía, medios no faltan. Pero volvemos a la sombra de la corrección política: hoy todo se trata de los arcoíris, de la “inclusión” y demás idioteces que los políticos enarbolan como causas justas o dignas. Pero acabar con la vida de un ser en desarrollo en el útero de una mujer es matar a un bebé.
Vamos a dar otro ejemplo: hace unos dos o tres años fui invitado a hacer un peritaje en un doble homicidio. A la implicada se le aumentó la sentencia porque la mujer a la que asesinó estaba embarazada, entonces en ese caso ¿no hay una contradicción? -claro que la hay- el delito fue peor porque mató a una embarazada pero por otro lado si la madre, la embarazada, decide matar a su propio hijo ya no pasa nada, es más, le van a aplaudir.
Es impresionante como cada vez la vida se toma con mayor ligereza, las nuevas generaciones son peores que José Alfredo Jiménez con aquella letra de esa terrible canción llamada “La vida no vale nada”. Todo tiene que ser inmediato, al toque de una pantalla, al chasquido de los dedos. Si algo no me gusta, entonces lo abandono, llámese empleo, pareja; en lugar de arreglar el problema. Los jóvenes cada vez dan menos valor a la moral, a la ética e incluso a la estética que tiene una gran relación con lo anterior. Me imagino una pareja de novios de veinte años que tienen s**o sin protección, ella queda embarazada y muy fácil es: -voy a abortar-.
Esta cosa del ab**to, ya no entiendo si se trata de una ideología “progresista” de las mujeres o se ha convertido en un negocio, tal vez para la industria médica-abortera o como capital político para los partidos que hoy tanto les gusta a los jóvenes. Hoy se considera a un ser en gestación como un cúmulo de células, pero ¿qué diferencia hay entre ese bebé entre las 36 y las 42 semanas de gestación?
El Estado tiene la obligación de proteger la integridad y la vida. Nosotros abracemos la vida, la familia natural, los principios y lo que nuestros ancestros durante tantas y tantas generaciones lograron como para que ahora, por grupos incendiarios y militando un idiotismo izquierdoso y asqueroso, pretendan cambiarlo.
La razón, la verdad, la ética y la moral; no dependen de un decreto. Por decreto no se dicta la verdad, por decreto no se erradica una enfermedad y por decreto el ab**to, no deja de ser un as*****to.