30/08/2026
Discurso testimonial de nuestra compañera Nohemí Corral Almada ✍🏼👩🏻🎓
Buenas tardes tengan todos y todas. Saludo con respeto y aprecio al presídium que el día de hoy nos acompaña, asimismo saludo a los y las practicantes y a todos los que tienen el honor de acompañarnos el día de hoy, en esta ceremonia de Toma de Protesta.
Cuando pienso en mi experiencia en el Centro de Bienestar Universitario, no pienso primero en todo lo que aprendí de psicología. Pienso en la persona que llegó por primera vez con miedo, con muchas dudas y preguntándose si realmente iba a ser capaz de estar frente a alguien que estaba confiando en ella. Yo tuve la oportunidad de estar como practicante en el Centro durante Prácticas I y III, y desde el principio quise conocer y pertenecer al área clínica.
De las tres áreas que existen —clínica, evaluación y comunitaria—, la clínica fue siempre la que más me llamó la atención. Tuvo mucho que ver con mi propio proceso personal. En terapia descubrí lo que significa encontrar un espacio seguro cuando sientes que tu mundo está hecho pedazos y que hay alguien que te escucha con empatía. Y desde ese día entendí que yo quería poder ofrecerle a alguien más, aunque fuera por un momento, ese lugar que para mí había significado tanto.
Pero cuando llegué a CBU, descubrí que una cosa es imaginarlo y otra muy distinta es tener a una persona sentada frente a ti. Porque sí, da miedo. Da miedo saber que un tercero está confiando en ti para hablar de cosas que quizá nunca ha podido decirle a nadie. Da miedo pensar que puedes equivocarte. Da miedo no tener una respuesta. Y yo tuve que aprender a vivir con ese miedo sin permitir que me hiciera sentir que no era capaz.
Teniendo en memoria mi tiempo en este Centro, una de las primeras cosas que más recuerdo es la entrevista de primer contacto. Mi momento de terror. Recuerdo a la recepcionista entrar por aquella sala de practicantes y preguntar si alguno estaba disponible, y junto con mis compañeros y yo nos hacíamos locos y decíamos “no, no, no quiero” porque da mucho miedo. Da miedo darte cuenta que incluso teniendo las preguntas frente a ti podrías sentirte que no estás haciendo un buen trabajo y que la persona se sienta escuchada, se sienta comprendida. Porque así como compartió el Doctor Mario Astorga, la psicología va más allá de preguntar; vamos a observar, incluso a detenernos cuando es necesario y a entender que detrás de cada persona, detrás de cada entrevista, detrás de cada casohay una persona que está confiando en ti.
Y después llegó el momento en el que me asignaron mis primeros casos. Ahí entendí que la teoría cambia completamente cuando tienes a una persona real frente a ti. Había ocasiones en las que salía del cubículo pensando: “Pude haber preguntado esto”, “pude haberlo hecho diferente”, “tal vez pude hacerlo mejor”. Y no les voy a mentir: hubo momentos en los que me sentí insuficiente.
Pero muchas veces, justo cuando yo salía pensando que había fallado, estaban los psicólogos clínicos que me acompañaban. Me ayudaban a mirar lo que yo no estaba viendo, a cuestionarme, a entender mis errores y, poco a poco, a confiar en mí. Aprendí que decir “no sé” no me hacía una mala practicante. Me hacía una estudiante que estaba aprendiendo. Y que pedir ayuda no significaba que no pudiera hacerlo; significaba que estaba aprendiendo a hacerlo mejor.
También descubrí que el aprendizaje no terminaba cuando salía de un cubículo. Tuve capacitaciones en temas como terapia breve, primeros auxilios psicológicos y otros contenidos que fueron ampliando mi manera de entender la práctica. Pero, si soy honesta, muchas de las cosas que más me marcaron no estaban en una presentación. Estaban en las conversaciones, en las supervisiones, en las preguntas que me hicieron y en cada ocasión en la que alguien me ayudó a ver que podía confiar un poquito más en mí.
Y también me llevo a las personas. A mis compañeros, porque nunca sentí que solamente estábamos cumpliendo con nuestras prácticas. Compartimos nervios, dudas, casos, aprendizajes, risas y también esos momentos de “no sé qué estoy haciendo”. Poco a poco, ese lugar dejó de sentirse solamente como un centro al que iba a hacer mis prácticas y empezó a sentirse como una familia que estaba creciendo conmigo.
Y creo que hay algo que dice más de mi experiencia que cualquier cosa que pudiera contarles: cuando terminaron mis prácticas, decidí quedarme. Hoy soy voluntaria en la misma área clínica. Ya no estoy ahí porque tenga que cumplir un requisito. Estoy ahí porque quiero estar. Porque después de todo lo que viví, aprendí y sentí, todavía quiero seguir entrando por esa puerta.
Y para mí, eso significa muchísimo.
Porque el Centro no me convirtió mágicamente en una psicóloga que tiene todas las respuestas. Me enseñó algo mucho más importante: que puedo no tenerlas y aun así seguir aprendiendo. Me enseñó que puedo sentir miedo y no dejar que el miedo decida por mí. Me enseñó que acompañar a alguien también implica reconocer mis propios límites, mis dudas y todo aquello que todavía estoy construyendo.
Yo llegué al CBU pensando que iba a aprender a acompañar a otras personas. Y sí, aprendí. Pero también aprendí a acompañarme a mí misma mientras me convertía en la profesional que quería ser.
Por eso, cuando me preguntan qué gané estando en el Centro de Bienestar Universitario, no pienso solamente en experiencia, capacitaciones o práctica clínica. Pienso en la confianza que antes no tenía. En las personas que me enseñaron sin darse cuenta. En las veces que tuve miedo y aun así entré al cubículo. En cada “no sé” que después se convirtió en un “vamos a descubrirlo”.
Y quizá eso es lo que más quiero que se lleven de mi testimonio: yo no terminé mis prácticas sintiendo que ya estaba lista. Terminé queriendo seguir aprendiendo.
Y por eso me quedé.
Porque hay lugares a los que llegas para cumplir una etapa… y hay lugares que terminan convirtiéndose en parte de quien eres.